Dificultades para elaborar un Proyecto Educativo Institucional

Desde hace un par de décadas el proceso de reforma educativa, abierto en muchos países, ha traído también la aparición de todo un desarrollo que afecta a la visión de la institución escolar como organización, siendo que ésta forma parte de un sistema mayor volcado sobre los intereses de las personas, todas las cuales pertenecen a comunidades.

 

Si nos circunscribimos al estricto ámbito escolar, para una gran cantidad de profesores, en la mayoría de los casos, la preocupación más urgente y primera (obligada, pero a veces olvidada) tiene que ver con el aprendizaje de los niños: “que aprendan, cuanto más mejor”. Por otro lado, y llevando a las últimas consecuencias este pensamiento, percibimos que la escuela forma parte de la vida de los niños y del entorno donde se ubica, es más, es una parte fundamental en la vida de los niños y puede llegar a ser un motor esencial en el desarrollo de la comunidad.

En síntesis, hay que admitir que en esencia el objeto de un Proyecto Educativo Institucional (en adelante PEI) es recoger los planteamientos educativos de carácter general, cuando la naturaleza del mismo es de carácter ideológica y estructural. El contenido de este relevante proyecto está formado por los rasgos de identidad, los objetivos institucionales y el organigrama general, es decir, la estructura organizativa que permite desde una realidad singular la formulación de una serie de objetivos de sentido que impelen al trabajo compartido para la consecución de una escuela y comunidad mejores.

En suma, ayuda a entender la cuestión el esquema clásico de que un Proyecto Educativo responde a las preguntas:

– ¿Dónde estamos y quiénes somos? Rasgos de identidad.

– ¿Qué pretendemos? Formulación de objetivos.

– ¿Cómo nos organizamos? Formulación de una estructura organizativa.

Debe admitirse a la escuela como una institución especializada de la sociedad, creada por ésta con el fin de favorecer y facilitar el proceso de instrucción y socialización de los individuos que la conforman, dentro de una determinada escala de valores. La existencia de una institución social (la escuela) implica necesariamente la de una organización, o lo que es lo mismo: un conjunto de metas, estructuras y sistemas que tienen la finalidad de favorecer el éxito de la función que la escuela tiene encomendada.

Este conjunto de metas, estructuras y sistemas se articula de formas muy distintas según las diferentes sociedades, articulación que se hace compleja conforme la sociedad se hace más desarrollada.

Los Proyectos no siempre se convierten en instrumentos que permiten aportar una solución a los problemas escolares o de la comunidad educativa. Esta es una circunstancia que tiene fundamentalmente dos explicaciones:

1) La consideración de que los Proyectos, como instrumentos humanos que son, tienen sus imperfecciones.

2) El hecho de que realmente en muchos casos no podamos hablar de un auténtico PEI. Es relativamente frecuente encontrar Proyectos con graves defectos, razón por la cual son elementos que en su falencia plantean un estado inadmisible. Así, un Proyecto erróneo es difícilmente un instrumento para la mejora (aunque la virtud de la mayoría de las escuelas está de tal manera dispuesta que a pesar de la falta de un buen Proyecto, la vida de esa escuela no suele detenerse, “sigue viva”).

Llegados a este punto, conviene que seamos conscientes de cuáles son los aspectos críticos fundamentales de un PEI. Podemos, a modo de resumen, relacionar una serie de dificultades y errores que se presentan en la elaboración de un PEI. No vamos a seguir para ello ningún orden que pueda suponer la aplicación de una determinada racionalidad, se presenta en la misma aleatoriedad con la que se muestran muchas veces en las escuelas.

Aquí tenemos algunos ejemplos que nos pueden hacer reflexionar:

–          Falta de reflexión sobre la práctica.

–          Comunicación ineficaz a todos los niveles.

–          Falta de participación familiar.

–          Distancia entre la teoría y la práctica.

–          Falta de disponibilidad de los profesores a reunirse para reflexionar.

–          Falta de estímulos en las personas y en los grupos.

–          Dificultad para que los alumnos participen.

–          Falta de compromiso profesional.

–          Normas verticalizadas desde la administración educativa.

–          Falta de propuestas a largo plazo.

–          No hay secuencia ni continuidad.

–          Pobres recursos financieros.

–          Falta de conocimiento y establecimiento de la misión.

–          Falta de conocimiento del grupo (“no nos conocemos bien”).

–          Falta de estabilidad del profesorado, mucha movilidad escolar.

–          Proyectos utópicos, poco realistas.

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