Un matrimonio roto: educación y empleo

Cuesta entender que no haya ninguna relación entre las competencias que supuestamente se adquieren en la Universidad y la situación de desempleo masiva, como en el caso europeo de España, Portugal o Grecia, a la que se ven abocados un alto número de jóvenes en estos países. Una lección sobre los problemas en estos países puede ayudar a comprender cómo los resolvemos en otros.

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En buena parte del mundo occidental la adopción de un modelo de formación por competencias significó para todo el sistema educativo no universitario y universitario al menos dos cosas, las dos caras de la misma moneda.

Por un lado, la constatación de que no lo estábamos haciendo del todo bien, es decir, que aquellos problemas de los últimos decenios que evidenciaban la separación entre teoría y práctica, el hecho de que el sistema educativo transitara por un camino muy alejado de la vida real y sus demandas, algo así como que el currículum formativo pretendiera la formación para la vida pero una vez en la “academia” ésta olvidara la propia vida.

Por otro lado, adoptar como solución definitivamente un modelo que iba a permitir -muchos de los apóstoles del modelo por competencias hablaban de “para siempre”-, la superación de los tradicionales problemas educativos, encarando un nuevo horizonte con una nueva educación para resolver los viejos problemas de una vez por todas.

Aún no estamos en condiciones de hacer un balance completo del funcionamiento del modelo de por competencias, ciertamente porque la aplicación es muy desigual en diferentes países –algunos tienen cierta tradición en la aplicación del modelo, otros lo aplican de manera mixta con todo tipo de ingredientes, otros están recién comenzando con esta experiencia-, y porque además tendrá que pasar más tiempo para que podamos extraer ciertas conclusiones limpias de injerencias de diversa índole, como tradiciones en cada país, cómo se aplicó, si de manera más pura o mixta y, sobre todo, que pase cierto tiempo para poder valorar el impacto del modelo en la formación real de los educandos, su valor de cara al empleo, la capacidad de emprendimiento, cuestiones, quiéranlas algunos o no, altamente relevantes dado que en ocasiones las propias instituciones educativas olvidan que sus usuarios no acuden a ellas para hacer más grandes a estas instituciones, sino justamente al contrario: es la educación la que tiene que volcar todo su esfuerzo en pro del aprendizaje y éste que sirva para que todo sujeto gane la máxima capacidad en la necesaria inserción socio-laboral y plenitud personal, es por ello que hablamos precisamente de empleabilidad y emprendeurismo, éstos resultan ser esenciales y nunca pueden desvincularse del sistema de formación, independientemente de la atapa a la que nos refiramos, universitaria o no universitaria.

Esta situación no es óbice para que cada uno de nosotros, profesores, académicos, padres, empleadores, políticos, administradores, nos preguntemos desde el momento inicial por esta cuestión, dado que no hay tema de domino público más importante que ello.

Hoy quiero hacerme una pregunta, ¿hay alguna relación entre las competencias que se adquieren en la Universidad y la situación de desempleo masivo –alrededor del 50% entre los jóvenes en estos países citados, especialmente España?

Dejo hecha la pregunta y doy dos datos finales para la reflexión, ante lo que parece evidente: la incapacidad de la propia Universidad para hacer frente a las necesidades de formación del siglo XXI.

Primero, las empresas más innovadoras del mundo adoptan, lógicamente, maneras innovadoras de trabajar, por ejemplo, la adopción del design thinking, o el lean startup method, etc., y esto choca con la evidencia de cuán alejadas están estas formas de trabajar de la Universidad; algunas habrán escrito sobre ello, pero lo que es trabajar siguiendo estos modelos nada de nada. A esto se añade, también, la escasez de transferencia de los –pobres, por otro lado- resultados de investigación de las propias Universidades, la carencia de spin-offs, en una realidad que evidencia teoricismo y falta de aplicabilidad.

Segundo, es realmente interesante comprobar, por ejemplo, cómo las más importantes escuelas de negocios en España son no universitarias (ESADE, IE) o, en todo caso, son propuestas por Universidades privadas como el caso del IESE de la Universidad de Navarra. Este es un nuevo dato revelador de que el modelo universitario masivo que existe, el público, no funciona si se trata de hacer algo realmente impactante, situando la iniciativa privada en la cima más alta de lo que significa una entidad para la alta formación que además es empresa.

La superación de estas problemáticas no es fácil, pero no queda más remedio que intentarlo desde un análisis lo más acertado de la situación, dibujar un horizonte deseado y, desde luego, posible y emplear toda la energía y creatividad para desarrollarlo.

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