Tranquilizar a los niños hiperactivos

Hemos conocido por varias investigaciones y noticias en distintos lugares del mundo el alarmante asunto de los niños hiperactivos.

La noticia de referencia es que los niños y niñas de hoy son cada vez más hiperactivos gracias a lo que comen y beben, en particular golosinas, alimentos infantiles, etc. Estos han visto aumentado sus aditivos en forma de colorantes, conservantes, potenciadotes del color y del sabor, para incrementar su atractividad, lo que no es decir poco en un mundo cada vez más competitivo, sobre todo en lo comercial; y no olvidemos que el mundo de la alimentación, incluida la infantil, forma parte de ese escenario desgarradoramente competitivo.

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Los datos son claros, las experiencias de padres y profesores también. Los niños, los alumnos, parecen estar más excitados, hiperactivos, con comportamientos impulsivos y con dificultades para concentrarse y, evidentemente, esto perjudica el desarrollo del aprendizaje. Quede claro que hacemos referencia a la hiperactividad, que ha sido descrita como trastorno, y no a que estos niños sean más o menos activos. Hay que recordar que el principio de actividad es uno de los principios fundamentales de la enseñanza-aprendizaje de hoy, pero que justamente la otra cara de la moneda es el sosiego con que cada persona debe afrontar determinadas actividades en la vida.

Téngase en cuenta, así mismo, la paradójica situación en la que nos encontramos: mientras los alumnos ven aumentados sus niveles de excitabilidad y son incapaces de permanecer sosegados y reflexivos para aprender, al mismo tiempo se demandan por doquier medidas, recetas y demás consejos magistrales para que los especialistas solucionen el problema de la motivación en el aula.

Tenemos un panorama internacional inflado de situaciones en donde los maestros y los padres requieren consejos sobre cómo motivar a sus alumnos e hijos. Estos parecen estar desincentivados, desganados, faltos del aliento y motivación necesarios para aprender; hay quienes también afirman que se trata de una cuestión de falta de conciencia para aprender, que también es un problema. Todos estos frentes están siendo trabajados.

Vean el problema: agentes externos colocan al borde de la hiperactividad a nuestros niños, y a nosotros nos faltan conocimientos y estrategias para motivarles. Es una ingrata paradoja, pero fiel a los tiempos que corren.

De momento, hay que apostar por una alimentación sana, huir de todo lo artificial; aquí ya he dado algunas pistas. El drama es mayor cuando otros estudios revelan que agentes químicos están detrás del aumento de enfermedades como el Parkinson o el Alzheimer. También en el ámbito educativo es fundamental poner un poco de orden, tanto en el hogar como en la escuela. Y luego la motivación. Tenemos que ser creíbles, auténticos, ejemplarizantes. Debe haber un por qué, un qué y un cómo hacer. Hay que despejar este itinerario para hijos y alumnos.

Fíjense, por ejemplo, que la motivación es una mezcla de pedagogía, pero también de ética; de método, pero también de apuesta personal por la obra bien hecha en educación, la única que deja huella.

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