La crisis de la persona hoy

persona desdibujada José Manuel Bautista

Podemos hablar hoy de una crisis cultural que es tanto como hablar de una crisis de realización del hombre. Parece no haber inquietudes culturales, ni grandes aspiraciones sociales (aunque en el terreno económico sucede lo contrario, acaso por la pérdida de equilibrio en el binomio ser-tener), ni verdaderos debates ideológicos en la sociedad actual. Las motivaciones, en general, están por los suelos; y las que siguen activas llevan solo a un efímero bienestar, ya que se fundamentan en presupuestos débiles y en decadencia.

La rapidez y la mutación constante de la vida, la penetrante cultura de la imagen, los discursos ligeros o efímeros, la existencia sumergida en la banalidad y en la mediocridad desmedida, constituyen la nota común. No parece que estemos precisamente en una época que valore el esfuerzo, la vocación. El mundo de hoy no se caracteriza por la capacidad de reflexión, más bien se distingue por la precipitación. Es como si el hombre actual no parase de moverse entre las cosas y, cuando se cansa, las pone de nuevo en movimiento.

Vivimos en la era de la inmediatez, de la prisa y del vértigo, de un apresuramiento desenfrenado, encarando una especie de fascinación por lo superficial, que lleva a un vacío, a una inmensidad inexistente que deslumbra sin iluminar.

Estas circunstancias, que afectan al hombre notoriamente en su subjetividad, permiten hablar de un hombre postmoderno que desvaloriza el trabajo y el esfuerzo en cuanto que el afán de hacerse a sí mismo y lograr metas sociales altas han desaparecido de su horizonte para muchos. La obsesión por el consumo inmediato, la negación del ahorro y de la previsión de futuro; el repudio de la moral, la entrega al hedonismo, el cuidado a veces desmesurado del propio cuerpo y un ocio improductivo como ambición preferente, son solo algunos de los síntomas de la crisis de la post modernidad.

El hombre postmoderno es el hombre light

Este hombre llamado postmoderno, halla un campo abonado en la psiquiatría, colocando encima del diván al nuevo hombre light que va surgiendo producto de su tiempo. Su ideología es el pragmatismo. Su ética se fundamenta en la estadística y esta ha sustituido a la conciencia. Su moral está repleta de neutralidad, falta de compromiso y queda relegada a la privacidad, con un cierto temor a salir en público dada su poca consistencia.

El sistema educativo debería preguntarse cuál es su rol en este proceso. ¿Debe acentuar el perfil del hombre autodestructivo del que hablamos o luchar por abrir un camino de esperanza a la persona?

Mi apuesta personal, en un acto de confianza total, se da por la segunda opción.

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