Cinco cosas claras sobre los grupos de WhatsApp escolares

No he sido el primero en hablar de este tema, pero parece que he tenido el atrevimiento de hacerlo en público. Mi mérito, un comentario, muy breve, y haber puesto en mi muro de Facebook el artículo de Cristina Gutiérrez donde jocosamente se refería a cómo las mamás, fundamentalmente ellas, hacen uso del WahtsApp en los grupos creados para “la gestión de los asuntos escolares de sus hijos”. La repercusión fue inmediata y explotó en los días siguientes: miles de personas dijeron Me gusta, más 1.000 lo compartieron a su vez en sus muros, llegando este texto a ser leído, lo más probable, por decenas de miles de personas por obra y gracia de las redes sociales.

 

WhatsApp empieza a calentar la cabeza. Por menos se separan las familias, nuestros hijos se pelean con los de otros, sube y baja la fama de alguien, se hunde (o hundimos) el honor del vecino. Por menos el futuro lo vemos negro y podríamos llegar a odiar la tecnología.

Propongo, para no llegar a echar lodo innecesario sobre la tecnología, estas cinco cosas claras sobre el uso de los WhatsApp escolares.

1) Coger el toro por los cuernos

Es lógico que hagamos uso creciente de la tecnología para el mejoramiento de todo lo que nos rodea, nuestras formas de convivencia y la gestión que hacemos de nuestros asuntos, en este caso escolares. Pero vivimos en la prehistoria del impacto tecnológico en nuestras vidas, en muchas cosas vamos claramente con un retraso acumulado justamente por mirar para otro lado. En 20 años nuestra forma de vida en buena medida habrá cambiado sustancialmente por la eclosión de las tecnologías que se harán dueñas de nuestra realidad, con o sin nuestro gobierno.

Pero no tiene lógica que algo que surge gracias a la tecnología (WhatsApp), en un mundo que se pretende racional, esté al albur de la disponibilidad de padres y madres. Hasta ahora la escuela ha mirado para otro lado, dejando a las familias solas en algo que tenía, indiscutiblemente, impacto escolar. La escuela está obligada a ayudarnos a entender el impacto de las tecnologías en nuestras vidas si de verdad pretende seguir siendo faro que ilumine nuestras vidas en el siglo XXI.

2) Normas de uso claras

Una escuela que nos ayuda a entender (y usar) la tecnología (lo hace con los alumnos, debe hacerlo también con padres y madres que junto a los maestros son el tándem más importante durante el tiempo escolar), debe ayudarnos como padres a establecer un marco de uso de la misma, en este caso del WhatsApp, preciso, con la adopción de unos principios claros, es decir, establecer la respuesta a la pregunta ¿en qué nos ayuda WhatsApp?, unas funciones certeras y fácilmente comprensibles y unas normas de uso que puedan llevarse a la práctica sin necesidad de hacer un postgrado en la Universidad de Harvard, ya me entiendes.

3) Rol del moderador (o moderadora, lógicamente)

Todos los grupos de WhatsApp tienen alguien que los creó, persona que luego no necesariamente se convierte en moderadora. Pues bien, paso al frente, los grupos deben tener un moderador aceptado por todos, que ejerza como tal, que haga recordar por qué hay que decir no a las veleidades de turno con que nos encontramos, los principios, las funciones y las normas de uso de WhatsApp escolar. ¿Qué hacer cuando alguien se va de tono? La función del moderador es clara: ayuda a recordar ese marco de uso, media en el conflicto, contribuye a que fluyan las buenas maneras y reine la concordia. Toques más severos, en caso de ser necesario, deben darse en privado. Para esto último lo más recomendable es: si hay un problema, resuelve siempre a la cara, la tecnología puede llegar a mediar mal en la palabra.

4) Papel de la escuela

Recordamos de nuevo el retraso que la escuela tiene en la inclusión de la tecnología, atribuible fundamentalmente a las decisiones de política educativa y pedagógica, desde la administración y desde, también, los centros escolares. Pero hay siempre atisbos de un horizonte nuevo, en un momento en que el uso de los smartphones, y otras tecnologías, es masivo fuera de las aulas. La escuela debe, por tanto, ayudarnos a establecer ese marco de uso del móvil y esas otras tecnologías, no sólo prohibirlas en los centros educativos, debe también ayudarnos a entender y usar un vehículo, el móvil y sus programas, que median en el aprendizaje de forma positivamente clara, pero también, y en ocasiones, perniciosa.

5) Papel de las madres (y padres)

En el WhatsApp escolar son claramente las protagonistas. WhatsApp es una forma de comunicación, si bien hay que darle un giro a la situación para que no se convierta en algo cansino para las familias e insano para los hijos. Como en toda forma de comunicación, esta vez mediada por la tecnología, lo que se pide es mesura, sobriedad, uso eficaz, respeto a unas normas. ¿Qué tal si no somos expertos en todo ello? Para eso están los puntos anteriores, no los obviemos.

Ah, y una cosa importante, ¿dónde están los hombres en los grupos de WhatsApp de las madres que gestionan las cosas de sus hijos en edad escolar? Nadie lo sabe. Lamentablemente es asunto de mujeres, las mamás, cosa frecuente en una sociedad estereotipada. Los hombres, supongo, tenemos cosas más importantes que hacer.

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