Cómo enseñar: diseño de actividades y materiales educativos

Hoy somos conscientes de que no basta con la preparación que hace el docente para su propia intervención educativa, sino que también hay que preparar la actividad de los alumnos. Ahí confluyen la elección de un determinado modelo de intervención, el diseño de actividades, la decisión acerca de las variables organizativas espacio-temporales, es decir, qué espacio ocupará y qué tiempo dedicar a la actividad, y la elección de materiales, recursos o medios didácticos.

La pedagogía moderna estima que las actividades deben ser coherentes con el proyecto curricular escolar y estar interrelacionadas con contenidos y objetivos. En lo posible deben relacionarse con las preocupaciones, inquietudes y centros de interés de los educandos, deben posibilitar la adquisición de nuevos conocimientos y reorganizar y afianzar los que ya se tienen, deben desarrollar valores, pautas de comportamiento y actitudes que signifiquen un proceso de personalización (autonomía, responsabilidad y libertad) y de solidaridad (convivencia e integración con los otros).

Los materiales curriculares son, sin duda, uno de los principales instrumentos que modelan la tarea docente. Podemos inicialmente entender por materiales o recursos didác­ticos aquellos soportes en los que se presentan los contenidos y que son capaces de suscitar algún tipo de transformación de carácter positivo y optimizante en los procesos de enseñanza y de aprendizaje.

Los materiales curriculares tienen su marco de desarrollo en el aula. Con libros de texto tradicionales y materiales más o menos innovadores, es posible enfocar el proceso de enseñanza y aprendizaje de distintas maneras y formas, hasta el punto que cabe suponer que el material más tradicional puede dar lugar a una clase más o menos activa y participativa y viceversa. Los medios no son más que “medios”, instrumentos puestos al servicio de una dinámica metodológica que es, en suma, la que determina lo que en buena parte ocurre dentro del aula. En otras palabras, el medio en cuanto tal no tiene efectos mágicos como tecnología de so­porte y transmisión de información. El uso adquiere más valor que el medio en sí mismo.

Los medios no sólo transmiten contenidos, sino también visiones del mundo, maneras de estructurar los saberes… funcionan transmitiendo mensajes desde los propios materiales. Se hace imprescindible, en esta línea, que los profesores reflexionen sobre la finalidad y las funciones que desempeñan los materiales curriculares, esto va a favorecer su uso adecuado.

Los materiales curriculares pueden desem­peñar las siguientes funciones: innovadora, motivadora, estructuradora de la realidad, configuradora y mediadora de las relaciones entre los alumnos y los materiales, controladora de los contenidos a enseñar, solicitadora (los materiales actúan como guía metodológica), formativa, de “depósito del método” y de la profesionalidad y de producto que se compra y se vende.

La profesionalización de los docentes depende, en cierta medida, del grado de protagonismo de los profesores en la participación en la elaboración de los materiales curriculares. Por ello, es necesario impulsar esta tarea de producción y reflexión. Pensamos que se debe partir, para la elabo­ración de cualquier material curricular que los profesores pongan en marcha, de un proceso de reflexión y de una evaluación permanente de la funcionalidad y potencia­lidad del material en contextos particulares. La elaboración de materiales está estrechamente vinculada con su evaluación.

Proponemos una serie de criterios fundamentales cuando los profesores adoptan postu­ras activas en la elaboración de materiales:

  • Coherencia con el proyecto curricular. Se entiende dentro de unos grados de flexibilidad y apertura que han de inspirar el proyecto curri­cular.
  • Diversidad de materiales. De esta forma pueden atender a los diferentes ritmos de aprendizaje, los intereses, las motivaciones, etc.
  • Adecuación al contexto. Deben adaptarse genuinamente a las demandas y necesidades del entorno, tan particular en cada contexto.
  • Coherencia con las intenciones educativas y con las bases psico­pedagógicas, ya que las decisiones de cómo enseñar deben justificarse en función de las finalidades de la escuela y de los objetivos de aprendizaje.
  • Rigor científico. Han de tender, dentro de su claridad expositiva y llaneza didáctica, a evitar errores concep­tuales y a ofrecer la información más fiable, verídica y exacta posible dentro del desarrollo de las ciencias.
  • Visión global de los materiales. Deben encuadrarse dentro del resto de los recursos curriculares que horizontalmente (durante ese curso) y verti­cal­mente (unidades de organización intercursos, por ejemplo la “etapa”) se empleen.
  • Reflexión sobre los valores. No podemos obviar en la elaboración de materiales que también está presente el llamado “currículum oculto”.
  • Aspectos formales. Reconocemos la desventaja frente a las editoriales comerciales que presentan trabajos muy elabo­rados, pero hay muchas experiencias de diseño de materiales por profesores anónimos que superan por su dignidad a muchos de los materiales comerciales.
  • Evaluación. Es conveniente valorar sus contenidos y soporte como medio, todo material es mejorable.

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