Perdona, los líderes convencen poco

Los líderes convencen poco o nada, no hay más que ver donde quiera que figuren, como realidades o como espectros, cuál es su fruto.

En los tiempos que corren no termina de cuajar ni la forma ni el fondo del líder. Hay quien dice, incluso, que no puede hablarse si quiera de líderes, es decir, no existen. Están no sólo en su derecho a verlo así, una mirada alrededor nos permite ver con claridad que les asiste la razón, más allá del título de líder (administrativo) aparece sólo el vacío más contundente.

Sea como fuere, porque no hay líderes o porque los que hay son vaporosos y actores, entre efímeras quimeras y humo manipulador, el resultado es nefasto: una sociedad asiste a su propio espectáculo sin capacidad de reacción, desprovista de un horizonte mayor que el del bienestar efímero del momento, precaria manipulación del futuro que en general los gobernantes han robado para mayor control y estabilidad de su propio establishment.

Me encantaría hablar de revolución intelectual de algunos, pero tampoco ese horno está para bollos, las grandes ideas brillan por su ausencia y las que hay postergan a los pueblos, lamentablemente, al albur de caprichos de políticos sin escrúpulos y sin fondo, pero sobrados de cartera, cara expresión de cuán barato es el atraco.

No hay más que lamentarse, de momento, y asistir a una cierta desesperación, cuando se tiene conciencia de ella porque la anestesia política no hiciera efecto al completo, ante el vigente horizonte que no dibuja más que polos entre la incapacidad y ponzoña, sobre todo política.

Bad-Boss

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