La ansiedad en el entorno escolar

Para empezar a comprender el tema que nos ocupa es necesario primeramente colocarnos en una posición desde la que podamos observar qué es lo que le está pasando a la sociedad contemporánea. Una mirada lo más objetiva posible, nunca ejercida del todo, nos ayudará a desempeñar la función de jueces sobre nuestro entorno social, y a reflexionar sobre lo que nos está ocurriendo.

Dirán algunos que no hay que juzgar; me parece que no están en lo correcto. Creo que es importante tener una opinión de las cosas, exponerse, aún corriendo el riesgo a equivocarse, es necesario mirar, analizar y opinar, luego actuar en consecuencia.

La ansiedad puede ser definida como el estado de angustia y desasosiego producido por temor ante una amenaza o peligro. La ansiedad y el estrés reciben mucha atención hoy día porque parecen estar presentes en muchas situaciones cotidianas. Los sociólogos hacen referencias continuamente al fenómeno de la ansiedad, describiéndolo como un componente más de la vivencia diaria de las personas. Ahora más que nunca, la ansiedad hace mella en la persona, ya sea de cualquier nivel social o cultural. Los cambios drásticos en el campo de la tecnología, medios de comunicación, trabajo, relaciones, así como otros muchos factores, han dado como resultado una forma de vida muy acelerada que desconcierta y desequilibra a la persona.

Enrique Rojas (1989), psiquiatra, describe nuestra era de esta forma:

«Ya no hay rebelión. Hemos pasado de los conflictos a la era de la ansiedad y la depresión. Se han ido entronizando la apatía, la dejadez y una especie de neutralidad asfixiante. Para completar el mosaico de contradicciones, por otra parte, el hombre de nuestros días muestra una enorme curiosidad por todo. Quiere saber lo que pasa, lo que sucede aquí y allá. Estar atento y captar los cambios y movimientos que se suceden. Todo le interesa, pero no construye nada o casi nada, ni humaniza al hombre. Es una banalización general, contradictoria y sin brío. Se llega a vivir sin ideales, sin objetivos trascendentes, con la sola preocupación por encontrarse uno a sí mismo y disfrutar de la vida a costa de lo que sea… Este es el panorama. De ahí emergen dos sentimientos predominantes de forma colectiva: la melancolía y la ansiedad».

El problema del estrés no tiene peso por sí mismo, es decir, depende de la persona, y más concretamente de su formación en diversas dimensiones personales. Por este motivo, a iguales situaciones cada persona elabora diferentes respuestas. Cada persona tiene la posibilidad de elegir la opción que más beneficio le aporta. Por otro lado, existen profesiones inherentemente estresantes. Tomemos por ejemplo de nuevo, por su importancia, al colectivo de profesores. Sus quehaceres se suceden en un ritmo rápido, siempre hay falta de tiempo, existen muchos factores para abortar cualquier plan preestablecido, están en general mal remunerados y poco reconocidos, para ganar dignamente tienen que trabajar hasta tres turnos en algunos países, etc. Estas características forman parte de su realidad laboral en muchos casos y, por tanto, parece que sirve de poco o nada quejarse continuamente por cuestiones que pueden ser insalvables en un 90% de los contextos docentes.

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La ansiedad no es un estado que venga de la nada, es a través de procesos de activación como este estado se nos aparece como una realidad, en ocasiones de desesperación constante. Los procesos de activación pueden ser físicos o psicológicos.

Igualmente podemos distinguir varios tipos de ansiedad. Hay diversas clasificaciones, algunas de ellas distinguen la ansiedad existencial, endógena y exógena, por un lado, y la ansiedad rasgo, estado y situacional, por otro.

En el caso concreto del colectivo docente, también de buena parte de los educadores en general, las fuentes del malestar docente son descritas en la mayoría de los estudios: inquietud e incertidumbre ante el futuro legislativo, merma del prestigio social, las conductas antisociales de algunos alumnos, el sistema de promoción y la remuneración no son del agrado de todos, formación psicopedagógica insuficiente, etc.

En muchos de los casos de ansiedad el establecimiento de programas de prevención o la instauración de conductas preventivas harían del problema algo menos relevante de lo que lo es hoy. Así, podemos proponer algunas pautas de prevención que terminan influyendo positivamente en todos los miembros de la comunidad educativa:

  • * Disponer de un proyecto educativo que haga crecer como personas y profesionales.
  • * Aprender a disfrutar de pequeños logros.
  • * Programar y aprovechar los períodos vacacionales, para salir del circuito de tensón y reincorporarse al trabajo con fuerzas renovadas.
  • * Uso de una dieta equilibrada, desarrollar la actividad física, la relajación muscular, la actitud mental positiva, etc.
  • * Intercambiar experiencias y opiniones con los colegas, desarrollar una mejor comunicación y relaciones personales.
  • * Poner una nota de creatividad en lo que se realiza.
  • * Instaurar un clima institucional de confianza, seguridad, respeto y valoración.

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