Mortal la carencia de ideas

Es cuando menos sorprendente que en una población alta de egresados universitarios, como lo es la española, el índice de desempleo juvenil (universitario) sea tan alto.

Este hecho podría ser analizado desde muchos puntos de vista, teniendo en cuenta sus múltiples variables. En este momento quiero fijarme en dos situaciones que, probablemente, estén dando un empujón a esa falta de empleo y de iniciativa. Percibo que una de ellas, la primera, es altamente comentada en determinados ambientes, razón por la cual será la segunda a la que le dedique en mayor medida mi comentario.

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1 – El mercado de trabajo es pequeño, poco flexible, con pocas oportunidades, poco crédito, escasas vías de financiación de iniciativas, hay poca ayuda al emprendedor, etc. Esto puede recordar el lugar en el que estamos en el mapa económico, inversor y emprendedor del mundo; indicadores como el Doing Business del Banco Mundial, o el lugar que ocupamos en los rankings de competitividad vienen a revelar algunos datos interesantes que, por más que son conocidos, se les pone remedio poco o nada. España, lamentablemente, aún no es un lugar atractivo para determinado tipo de inversores, ni España es Silicon Valley ni Tel Aviv. Interesantes en este sentido las reflexiones de Javier Megías sobre el ecosistema emprendedor de Israel, el significado de la cultura emprendedora allí, etc.

2 – Los universitarios, los jóvenes en general, si bien voy a prestar más atención ahora a los universitarios, carecen de ideas y conocimientos suficientes, motivación y práctica como para generar sus propias posibilidades de empleo.

Conocimientos y competencias debilitadas

Esto supone hablar de muchas cosas. Supone hablar de conocimiento, más allá del recibido en las Universidades, que estimo que es, por lo general, escaso, muy débil en determinadas competencias generales (que comúnmente nos vendieron como las competencias que iban a adquirir nuestros jóvenes por el mero hecho de ser universitarios en el marco de la reforma universitaria europea, el llamado Espacio Europeo de Educación Superior, EEES, sin contar las competencias específicas que les hacían profesionales en una determinada área).

¿De qué competencias hablamos? Sin rodeos, porque estimo que son exiguas las que reciben por lo general nuestros universitarios, son necesarias más y mejores sobre tecnologías de la información y comunicación, idiomas (después de tantos años hablando de este asunto el discurso político huele a estafa), conocimientos sobre cómo funcionan los negocios, etc.

Pondré un ejemplo. No todos los egresados de Magisterio terminarán dando clases en escuelas o institutos, no todos aprobarán una oposición o serán contratados por una escuela privada (todo esto en cada respectiva área podría ser aducido de manera similar), pero si estos egresados quisieran desarrollar una iniciativa propia innovadora relacionada con la educación, a través de la fórmula del autoempleo, crear su propio negocio partiendo de una idea original (o no), es en este momento cuando comprobamos que carecen totalmente de conocimientos sobre la empresa y los negocios, no saben lo que es un modelo ni un plan de empresa, carecen de conocimientos para llegar con éxito a los inversores, etc. A esto habría que unir todas las demás carencias de conocimiento/aprendizaje, competencias como aún se llaman ahora. Terrible porque se pierden muchas iniciativas y se engrosan las listas del paro.

Escasas prácticas

Esto supone también hablar de prácticas y supone preguntarse qué exactamente reciben los alumnos cuando se inyectan de vida profesional real. Los alumnos universitarios necesitan más y mejores prácticas, desde el primer momento. He oído decir de algunos de mis colegas que no es conveniente prácticas en el primer curso, pues no sabrían cómo comportarse en las empresas. Mi opinión es contraria, considero que es necesario un entrenamiento serio y una inmersión temprana en la realidad que más tarde deben mejorar nuestros egresados. Creo que la fórmula correcta sería: de la práctica a la teoría a la práctica.

En fin, nuestros universitarios necesitan más y mejores entrenamientos en el verdadero significado de la creación, la capacidad creativa que siempre huye de la flema con la que en muchas ocasiones acabamos una carrera (siempre deseando no volver jamás a la Universidad).

Idiomas que huelen a estafa

La culpa fue (perdonen mis lectores de fuera de España)… de Adolfo Suárez, Calvo Sotelo, Felipe González, Aznar, Zapatero, Rajoy… máximos representantes de los destinos del país. Ellos y sus respectivos ministros del ramo organizaron la enseñanza de los idiomas, absoluto fracaso después de tantos años. Daba la risa ver cómo se presentaban los políticos en campañas electorales, parodio un poco: “el inglés se va a enseñar desde el nacimiento”, a lo que le respondía el contrincante: “el inglés, dada su importancia, se va a enseñar desde el momento de la concepción”. Resultado: vayan y pregunten en las Universidades españolas, porque ahí tampoco se ha resuelto el problema.

Gracias a Dios después de 13 años en el sistema educativo, al salir de éste somos capaces de repetir, al menos, el verbo to be, pero, como se ve, no es suficiente.

Podemos añadir muchas más cosas: más trabajo científico desde las aulas, más fomento de la creatividad, más geometría euclidiana, etc. Dejaremos para otro día lo que ha hecho la escuela de las técnicas lectoras, el daño a la memoria, el dominio del lenguaje, etc.

Digamos que llegados a este punto lo que querría valorar con ustedes es si lo que no tenemos es posibilidades por culpa del mercado-sociedad o debido a la falta de buenas ideas y adecuados conocimientos-competencias capaces de ser llevadas a la práctica de forma exitosa.

Sé que es fácil admitir que ambos son responsables de la falta de empleo en los jóvenes de hoy, pero quiero que nos fijemos en esta segunda situación, responsable de la falta de horizonte creador de una buena parte de nuestros jóvenes universitarios, para tomar conciencia y, si hace falta, actuar en consecuencia para resolver la falta de competencias.

Un buen amigo, joven con capacidad para el liderazgo, fuerte formación en distintas áreas y motivado emprendedor, me confirma este argumento inicial: sin duda alguna lo segundo es muy destacable, encontrándose ahí un punto crítico sangrante en estos momentos. “Como sociedad no somos capaces de ejecutar bien suficientemente buenas ideas al ritmo y volumen que lo exige el cambio global que estamos viviendo”.

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