Informe PISA, ese arma de doble filo

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Es fácil sacar partido de la estadística del Informe PISA 2012, de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), conocido hace unos días (fue publicado la primera semana de diciembre) en un sentido u otro. Cabe observar a simple vista dos opiniones encontradas: la de aquellos para los que refleja la dura realidad, es decir, un sistema que no funciona, y la de aquellos que entienden que poco más existe una especie de locura colectiva y, desde luego, política, haciendo dogma un ranking entre países desiguales en múltiples sentidos. Se trataría de la locura a la que ha llegado nuestra pedagogía política y la política de nuestra pedagogía, en palabras de Pablo Gentili, docente, Director de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (FLACSO, Sede Brasil).

Una interpreta sus datos, y me refiero fundamentalmente a España, aunque haré mención de alguna manera a Europa a lo largo de este breve texto, y llega a la conclusión de que algo pasa en nuestro sistema educativo cuando durante más de 10 años, por lo menos desde el año 2000, no hemos sido capaces de mejorar nuestra posición en la tabla en ninguno de los tres capítulos fundamentales: lectura, matemáticas y ciencia. Esto tiene su importancia. Durante prácticamente este mismo período el gasto en educación fue aumentado por distintos gobiernos en un 38%, dato que estremece porque aunque no parece doler se trata de recursos públicos en un país que debe mucho a sus ciudadanos, que ha recortado salarios y cerrado muchas posibilidades para el empleo. Si no ha funcionado esta inyección de dinero público en la educación pública, hay quien dice que estos recursos se podrían haber empleado en otras cosas, de otra manera.

La otra considera que estamos inmersos en una creciente manía en torno a los rankings, en donde tonto el último parece ser la expresión de moda. Esta rankingmanía delata una especie de delirio de la razón jerárquica, más arriba más razón, más bondad, mejor. Los últimos puestos de la tabla estarían reservados para aquellos que no aprueban, para los peores, para los que no hacen bien su trabajo. Muchas de las críticas que se hacen a este programa vienen dadas por el tipo de pruebas, donde los datos que parecen contar son exclusivamente cuantitativos y temas como la alimentación, las diferencias genéticas, inmigración o ingresos de las familias parecen quedar fuera.

El Programa Internacional para la Evaluación de Estudiantes o Informe PISA (por sus siglas en inglés: Program for International Student Assessment) es un programa de la OCDE en cuya última convocatoria ha tenido un total de casi 70 países participantes de los 5 continentes. Entre 4.500 y 10.000 alumnos fueron evaluados en cada país participante.

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Los resultados de este Informe 2012 ponen de manifiesto muchas cosas: cómo los países de Asia siguen escalando posiciones en el ranking, y cómo los países de Europa de economías más grandes bajan en la tabla (hay moderados ascensos de algunos de ellos). Finlandia, país cuyo modelo llevamos estudiando más de 10 años por sus “bondades” baja hasta el puesto 12, lo que podría poner de manifiesto que su modelo tocó techo o, también, que los asiáticos sacaron pecho… Tal vez es ahora de justicia estudiar cómo se están organizando estos países comunistas y post-socialistas, pues son ellos los que realmente están teniendo más éxito en los últimos Informes PISA. Democracias suigeneris aparte, al estar arriba en la tabla son estos países los verdaderos modelos, según el PISA. Pero, este no deja de ser un comentario con tintes políticos y desde luego yo estoy más interesado en lo puramente pedagógico.

Es muy probable que la inmensa mayoría de los profesores no haya leído el Informe PISA en su totalidad (recomiendo que lo lean, que profundicen en él), pero todos los que trabajamos en educación observamos ciertas tendencias y preocupación. Esta preocupación debería empujar al mejor conocimiento de nuestros procesos y nuestros resultados, conocimiento que obtenemos de la práctica educativa cotidiana y del contraste que se produce cuando se conocen estos y otros informes, como por ejemplo el TIMSS, el PIRLS, el TALIS, el PIAAC, etc.

¿Algo pasa? Sí. ¿Quién asegura que el modelo de competencias está funcionando? ¿Quién cree que estamos mejor en matemáticas? Algo pasa y es necesaria la reflexión de todos. Y, mientras, habrá reformas, como las hubo siempre, y me seguiré preguntando qué relación hay entre nuestros niveles formativos y el índice de desempleo juvenil que, en determinados lugares del sur de España alcanza casi el 70%. ¿Alguna respuesta una esto?

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