El carácter balsámico de la evaluación

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La evaluación, esa importante, necesaria y obligatoria herramienta de la educación. ¿Quién no ha sido evaluado alguna vez? ¡Nadie! ¿Quién no ha tenido la experiencia de haber sido evaluado justa o injustamente? ¡Todos!

La evaluación en educación aporta información que se convierte en conocimiento para adquirir suficiente capacidad de juicio sobre un hecho o persona, de forma que podamos tomar decisiones encaminadas siempre a la mejora. Esta es su gran virtud, pero ahí reside también su enorme dificultad.

La evaluación toma en consideración elementos de la realidad concretos pero desplegados en una triple dimensión: hechos o datos, procedimientos o destrezas, actitudes o valores, es decir, lo que sabes, lo que sabes hacer y cómo eres, siendo además la persona del evaluador, en este caso el docente, quien toma estos elementos de la realidad para interpretarlos objetivamente, se dice, pero siempre desde su frágil subjetividad.

¡Es más que probable que esto haya llevado a las mayores heroicidades en educación, pero también a las mayores atrocidades, sacando gente adelante desde una cuidada y acertada evaluación o truncándolas para siempre desde una cicatera interpretación de la realidad!

La evaluación tiene un carácter balsámico, ciertamente, pero también tiene un carácter castrante. Dejemos este último para un siguiente post.

El bálsamo no se atribuye al carácter mágico que pueda tener la evaluación. Personas son las que evalúan y son evaluadas, y éstas entran en comunicación para interpretar en un proceso de diálogo lo más importante que tiene la misma, el conocimiento profundo de la realidad aportada y si así se diera llegar a los últimos porqués y, más importante aún, ensayar medidas que ayuden a resolver los problemas que hubiere.

Resalto el hecho comunicativo y dialógico que tiene la evaluación, desde la información aportada por el boletín de calificaciones hasta los comentarios que podamos hacer formales o informales, todos cuentan para convertir la evaluación en una herramienta de progreso o en un instrumento de la necedad o podredumbre.

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