Te aterra un proyecto, no sabes por dónde empezar

Tener un proyecto, proyectar, es una de las cosas más humanas que existen. Mucho más que muchas otras que hoy hemos convertido en prioritarias o fundamentales.

Básicamente proyectar remite a intención o deseos, esto es lo fundamental. ¿Y qué seríamos sin nuestros deseos? Pero proyecto lleva consigo también todo el significado de propósito y plan, es decir, el objetivo deseado y el modo que ideamos para lograrlo.

El grado de civilización que podemos hoy constatar, describir y transmitir se debe, entre otros, a los innumerables propósitos y planes que los seres humanos hemos tenido a lo largo de la historia, en otras palabras, al conjunto de proyectos que ideamos y desarrollamos hasta hoy.

Desde que surgen las ideas hasta que se proyectan y se llevan a cabo transcurren muchas cosas, una de ellas el tiempo, el cual determina muchas otras. Pero es en ese marco de tiempo donde tienen lugar, más allá de las condiciones materiales, los vaivenes emocionales que pueden catapultar las grandes ideas y proyectos o, también, quemar a la persona en alguna de las fases hasta precipitar la muerte del proyecto, el “fin” de la persona que emprende.

¿Por qué aterra un proyecto? Algunas ideas que pueden servirte son las siguientes:

Porque desconocemos la materia, el contenido el mismo.

Porque sobredimensionamos al mismo.

Porque pensamos que estamos solos.

Porque tenemos miedo al fracaso.

Porque, simplemente, no hemos conectado suficientemente con la idea, con el propósito del mismo.

Esto último es, sin duda, lo que envuelve a todo lo demás, algunos de los cuales se disiparían si fuéramos más conscientes del propósito del proyecto. Me encanta decir que hay que empezar por un por qué, por una causa, por una creencia, tú mismo comprobarás que siendo así no necesitarás ningún sistema complejo para convencer a nadie, todo el mundo verá, simplemente, la diferencia.

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