La dictadura del TDAH (2 de 2)

En el anterior artículo sobre TDAH (La dictadura del TDAH (1 de 2)) dejamos abierta una pregunta: ¿Qué hay detrás de esta aparente «epidemia»?

Como dijimos, el manual DSM-5 menciona que, hasta el momento, no fueron encontrados marcadores biológicos ni electrofisiológicos para el TDAH.

Vamos a tratar de explicar entonces qué hay detrás de este trastorno acudiendo a la explicación neurocientífica, para acabar hablando del desacuerdo de los manuales de diagnóstico y la dictadura que no deja hueco para la disidencia.

 

La explicación neurocientífica

Una parte de la neurociencia entiende que éste y otros trastornos estarían fuertemente relacionados con los estilos de vida de hoy, muy influenciados por los elementos del entorno, estrechamente dependientes del ambiente que nos rodea (Schlaug, Forgeard, Zhu, Norton, Norton, Winner, 2009; Dzib Goodin, 2013).

Desde esta perspectiva, Dzib Goodin (2013) entiende que la investigación en neurociencia establece que las capacidades humanas dependen de la arquitectura de redes neuronales, la cual se relaciona con el ambiente donde se desarrolla el cerebro y depende de la estimulación del medio, moldeando de manera particular cada estructura, algunas sobreexpuestas a estímulos que impiden el desarrollo de otras.

En este contexto, el DSM-5 (APA, 2015) menciona otra serie de factores de riesgo y pronóstico relacionados con el TDAH. Se trata de los factores temperamentales, ambientales, genéticos y fisiológicos. Se mencionan solo en términos probabilísticos y no aparecen como causa o relación directa entre factor y trastorno. Es necesaria más investigación sobre este tipo de factores para que sigan siendo considerados factores relacionados causalmente en algún grado o, tal vez, situaciones que generan sufrimiento psíquico, propio, por otro lado, de las sociedades contemporáneas.

 

Los manuales de diagnóstico no se ponen de acuerdo

El DSM-5, por otro lado, puede ser considerado como un sistema más laxo que el CIE-10, que tiene criterios más restrictivos. Esto está detrás de su uso masivo. Como el más usado es el DSM-5, esto es algo que lleva a un mayor número de diagnósticos. Por ejemplo, el DSM-5 propone cifras del 8-10% de niños con TDAH, mientras que el CIE-10 establece la horquilla entre el 1% y el 5% (Pérez Álvarez, 2018).

Este autor también recuerda el paradójico caso de Francia, donde tienen su propio manual de diagnóstico para los casos de TDAH y otros trastornos. Es la llamada Clasificación Francesa de los Trastornos Mentales del Niño y del Adolescente (Misés y Garrabé, 2017). Sus criterios son todavía más restrictivos que el DSM-5 y el CIE-10, algo que plantea un panorama en Francia de alrededor de un 0,5% de casos de TDAH.

La explicación detrás de esta manera de entender las enfermedades mentales en Francia, incluido el TDAH, es que éstas deben ser entendidas en términos contextuales, en relación a las circunstancias familiares, la situación en las que ocurren, las pautas educativas y la alimentación en las que insisten los franceses (Pérez Álvarez, 2018).

No solo aquí está el problema. Para buena parte de la investigación actual los sesgos que aparecen son importantes (Martinhago, Lavagnino, Folguera y Caponi, 2019). Así, las mismas conductas de desatención, hiperactividad e impulsividad propios del comportamiento infantil y sus complejidades, se transforman en señaladores de un trastorno a través de la mirada que el adulto dirige al niño. Esto se convierte en una fragilidad o sesgo del diagnóstico que tiene que ser considerado.

 

La dictadura que no deja espacio a la disidencia

El diagnóstico del TDAH tiene hoy, por tanto, una retórica dependiente de la concepción establecida, que se puede considerar estándar y en la práctica la oficial. Este indica las consecuencias desastrosas si no se diagnostica y trate (medique) a tiempo (Pérez Álvarez, 2018). ¡Ay de quien se atreva a pensar lo contrario!

Sobre la cuestión anterior hay un enorme consenso en la mayoría de los países, con las diferencias propias de uso de manuales y las propias presiones de aquellos que sacan tajada del trastorno. ¿Quiénes? Pensemos un poco. Incluso las propias controversias existentes sobre el TDAH formarían parte de esta retórica que, pese a todo, deja poco espacio para la disidencia.

Con este panorama, el aumento del número de estudios no ha despejado, de ninguna manera, las muchas dudas que existen aún sobre este diagnóstico. No se conocen del todo los orígenes de esta patología.

Esto no ha sido óbice para tratar los casos con protocolos psicoeducativos y médicos en donde los tratamientos han oscilado desde la estrategia puramente conductual (con protocolos que no despejan las dudas de cuál es la concepción que tenemos hoy de la atención y de por qué no se entrena la atención y la concentración en las aulas, por ejemplo), hasta la exclusiva toma de medicamentos en donde el principio activo metilfenidato es la herramienta esencial para neutralizar los principales síntomas.

Ciertamente, ¡la dictadura del metilfenidato!

¿Qué cambia esta sustancia nuestra forma de vida?

 

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