Política y decadencia de la vida comunitaria, apuntes para una educación centrada en la persona – Ep. 2 de 2

Y los partidos políticos han sido frecuente instrumento de esta dominación y prepotencia del Estado. Y es una de sus leyes favoritas la educativa.

Una muestra de ello lo tenemos en las llamadas competencias en educación, las cuales se consolidaron desde el año 2006 con la LOE, en el caso de España. Un sistema, el educativo, que tiene la obligación de formar en competencias, que ahora son 7, pero que, siendo éstas las hermanitas pobres del sistema, no lo hace. El resultado está a la vista. Cada año un 18 por ciento del alumnado abandona el sistema educativo obligatorio. Esos alumnos no entendieron las competencias. Y de los que se quedaron, nadie sabe el dato exacto de cuántos aprehendieron las mismas. Pero no deben ser muchos a la luz de las cifras de empleo juvenil, que hacen temblar.

Para Dietrich von Hildebrand, la educación es la intención de hacer el bien (intentio benevolentiae). Este debe ser el principal objetivo de nuestras leyes educativas, y de los partidos que las promueven. Pero no parece ser así, al menos en muchas ocasiones. El poder de seducción del Estado y los partidos que ejecutan sus políticas es enorme, frente a un ciudadano sin dominio, individuos reducidos a simples deseos, ciegos al misterio de la existencia real, ciegos ante las desgracias que no son desgracias íntimas.

La política educativa que se ejerce hoy es como si tuviera el mismo objetivo: el bienestar del presente y el futuro del individuo. Pero sus propuestas parecen ser variopintas y hasta antagónicas. ¿Parece o lo son?

Así, un ejemplo final de ello es la consideración del fracaso escolar. Por un lado, nadie sabe exactamente a qué parte de la población corresponde. Por otro, la interpretación que se hace del mismo es increíblemente dispar, es decir, el fracaso escolar como hecho llega a los partidos con una naturaleza debilitada y estos construyen un relato sobre el mismo para poder legitimar sus propuestas. El resultado es doble, por un lado los programas electorales lo abordan sin ambages. Por otro, se da una situación descontrolada que depende de factores que nadie tiene en cuenta, y menos los partidos políticos, que finalmente tienen sobre éste un interés realmente pobre, en la práctica.

Charles Péguy afirmaba que la política debe ser la organización sistemática de la caridad. Ciertamente la educación es un acontecimiento ético, demos contenido, por tanto, al valor de la educación.

 

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