No saber idiomas ¿es bueno o malo?

La posibilidad de entenderse y comunicarse en más de un idioma -una realidad diaria ya para una buena parte de la población del planeta- es algo deseable para todos los ciudadanos. Aprender y hablar idiomas nos hace más abiertos a las demás personas, culturas y puntos de vista, mejora la capacidad de conocimiento y el dominio de nuestra propia lengua y nos permite aprovechar la posibilidad de estudiar y trabajar en otro país, vecino o más lejano. Abre horizontes, por tanto, de toda índole.

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Como se ha dicho en múltiples informes y estudios, mejorar el aprendizaje de idiomas es primordial para que un país desarrolle todo su potencial, ya sea económico, cultural o social. El aprendizaje de idiomas como parte integrante de la educación y la formación tiene importancia no sólo por el enriquecimiento cultural del individuo, sino también por su contribución a la movilidad y la competitividad dentro y fuera del país. Cuando hablamos de enriquecimiento cultural lo hacemos en referencia a sus grandes beneficios para el desarrollo personal de hombres y mujeres, pues el aprendizaje de idiomas está detrás de un determinado desarrollo cognitivo, socio-comunitario, por cuanto abre al ser humano a realidades socio-culturales distintas, en un giro hacia la capacidad de comprensión de culturas distintas.

Hay, por tanto, un importante efecto intercultural en el aprendizaje de idiomas, cosa muy importante hoy por cuanto que el ser humano se desenvuelve en un contexto mucho más amplio que antes, con la posibilidad de intercambiar informaciones, opiniones, emociones y afectos con personas muy distintas a él, lo que suele provocar un profundo enriquecimiento del mismo.

Estas funciones del aprendizaje de los idiomas deben estar bien articuladas, como empezamos a ver, con una adecuada estructura y estrategia del significado y proyección que le damos a la enseñanza de idiomas. No hay aprendizaje de idiomas eficaz si no viene sustentada y apoyada por una eficaz enseñanza de estos idiomas, por lo general aspecto crítico en aquellos países donde el nivel de aprendizaje de otro idioma al propio es bajo. En muchas ocasiones hemos asistido a planes de formación mal estructurados, estrategias mal usadas, pobreza en los métodos de enseñanza de idiomas, ambientes nefastos para el aprendizaje de un idioma, lo que ha provocado ineludiblemente el aprendizaje cero de los idiomas. ¡Es ridículo pensar que así aprenderemos idiomas! Muchos años estudiando un idioma extranjero no es directamente proporcional a su aprendizaje. Comprobar esto en muchos países es asomarse a una triste realidad que nos ha hecho perder el tiempo, y el dinero, a todos.

Los profesores de idiomas están llamados a desempeñar un papel esencial de toda realidad que pretenda ser plurilingüe. Con la adecuada combinación de aptitudes lingüísticas y pedagógicas pueden suscitar en el alumno un entusiasmo por los idiomas que permanezca durante toda su vida. Y hay que recordar esto, además de metodología y ambiente es necesario dejar la huella, el entusiasmo, el afecto por esta cuestión. Lo demás es fútil banalidad.

La función de la escuela en la enseñanza de las lenguas no se limita a las clases y no sólo atañe a los profesores de idiomas. Las escuelas de nuestros días deben preparar a los niños para estar en una sociedad abierta a otras culturas y en la cual podrán conocer gentes de países y tradiciones muy diversas, esta realidad puede aumentar este entusiasmo, pero hay que crear concienzudamente el ambiente…

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También tienen la gran responsabilidad de ayudarles a desarrollar todo el abanico de sus posibilidades de comunicación, entre las que se incluyen su lengua materna, la lengua de la escuela si es otra y las demás lenguas, todo ello junto con la dimensión intercultural.

Aprender idiomas en edad temprana puede ser muy beneficioso para los niños, según nuevos estudios publicados en lugares de realidad plurilingüe (EEUU, Australia, Luxemburgo). Al activarse muy pronto su aptitud natural para el aprendizaje de lenguas, los niños disponen de más tiempo para asimilar y adquieren una experiencia lingüística y cultural que puede beneficiar a su desarrollo en general, sea éste cognitivo, social, cultural, acústico, lingüístico o personal, además de darles una mayor determinación y sentido de la participación y una mayor confianza en sí mismos.

La enseñanza de idiomas modernos a los niños de corta edad no sólo les permite desarrollar su competencia lingüística, sino que les procura un mayor sentimiento de pertenencia, ciudadanía y comunidad, además de darles las primeras pistas para aprovechar las posibilidades que les ofrece una determinada realidad multilingüe y de diversidad cultural.

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