Materiales como mediadores de juego y aprendizaje

En el espacio aula se produce una parte del proceso educativo. A este espacio se suman muchos otros dentro y fuera de la escuela. En ese espacio, los niños juegan, es decir, aprenden. Esta consideración invita a los educadores a intervenir en el juego, porque si los niños aprenden mientras juegan es necesario mediar y estimular con espacios y materiales durante el juego espontáneo.

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Esta manera de actuar se puede explicar de variadas formas. En una de ellas se hace uso de “intermediarios provocadores” entre niños y niñas y su maestro, los cuales llegamos a necesitar en el marco del trabajo didáctico. En el aula tendrá que disponerse de instrumentos que provoquen curiosidad, que llamen la atención, que despierten nuevos interrogantes… aunque sean, por momentos, detonantes de conflictos y problemas. Nos estamos refiriendo a los materiales del aula, de los que dispondremos de forma que mediante su manipulación y su experimentación se produzca un estímulo para las capacidades motrices, lingüísticas, psicológicas y emocionales, en definitiva, la estimulación neurológica de niños y niñas. Esta es la auténtica función que cumplen los materiales de aula, servir no sólo de complemento sino de base en el tiempo de aprendizaje.

Los materiales deberían cumplir determinadas características:

* Ser Motivadores. El material que se use en clase debe despertar el interés de los niños, ya sea por su forma, color y peculiaridades físicas como por el uso que haga de él el docente.

* Ser polivalentes. Ser usados para más de un juego, de una actividad.

* Ser tanto de uso colectivo como de uso individual.

* Permanecer ordenados a disposición de los alumnos.

* Encontrarse accesibles al alumnado.

Jugando con los materiales del aula van explorando e introduciéndose en el medio físico, puesto que se percatan de cambios que pueden ser introducidos por la actividad humana. De igual forma van repitiendo acciones en la manipulación de un determinado material, iteración que sirve de base en la creación y afianzamiento de las nuevas redes neuronales.

Parece oportuno clasificar estos materiales al menos en dos tipos: a) según la edad de los niños y b) según su procedencia.

a) Los materiales según la edad

Podemos considerar en general que en el uso de materiales y la relación con la edad se observan ciertas constantes:

Entre los tres y los cuatro años, niños y niñas luchan aún por conseguir el equilibrio pleno, y cualquier material que les ayude en esta tarea, debe ser bien. Por otra parte, todo aquello que favorezca el movimiento, el desarrollo motriz, o la habilidad, les será muy apropiado. También serán muy útiles los que faciliten la formación de la noción de situación, de espacio, de formas, de colores…

Entre los cuatro y cinco años, en que los docentes deben iniciarles en la composición artística y tridimensional, en las proporciones, el aprecio de detalles, la libre expresión, etc.

Entre los cinco y los seis años, les vendrá muy bien todos los materiales que induzcan a asociar, clasificar y relacionar, también los que ayuden a desarrollar el sentido de la convivencia y sociabilidad.

b) Los materiales según su  procedencia

Cuando determinados materiales escaseen en el aula siempre podemos acudir a aquellos llamados “materiales recuperados”, los cuales, además de suplir las carencias, ocupan un importante papel en el desarrollo educativo de los niños. Estos materiales, en general, pueden conseguirse de la casa familiar, de la calle o barrio donde se encuentra ubicada la escuela.

Ofrecen muchas ventajas, una de ellas es que invitan a observar la realidad desde diferentes puntos de vista y a aprehender la misma para, con un mayor conocimiento, interaccionar y relacionarse mejor con ella.

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