Diseño y desarrollo del currículum escolar

El currículum escolar contiene complejos significados. A pesar de ello, cuando nos referimos a éste es necesario entender que el mismo hace referencia a la enseñanza y que ésta es una cuestión de método pero también del contenido que se selecciona y de cómo se organiza el mismo.

El currículum escolar oficial ha evolucionado en sus contenidos y en sus formas. Éste y la manera en que se entiende el proceso de decisión y actuación sobre el mismo, en el sentido de toma de decisiones que permitan fundamentar y orientar la acción educativa, ha ido cambiando a lo largo de los años.

 

De una forma simple podemos afirmar que durante los años setenta la expresión de moda fue “programación curricular”, durante la primera mitad de los años ochenta era “planificación curricular” y en la segunda mitad de los ochenta y principios de los noventa se ha impuesto la expresión “diseño y desarrollo curricular”, expresión que se mantiene.

Aunque lleva implícita la idea de programa y planificación es lo cierto que el diseño y el desarrollo, una vez que asumimos los principios curriculares de la flexibilidad y la apertura, permiten un manejo de aula particular en los tiempos que corren. El Estado se reserva un determinado poder y su correspondiente control en la selección de los contenidos, pero no en la metodología: se concede autonomía al profesorado para decidir sobre cómo hay que enseñar, pero no sobre qué hay que enseñar ni sobre cómo debe medirse eso que se enseña.

A pesar de las iniciales diferencias acerca del significado de la toma de decisiones sobre el currículum, se advierte que todas estas expresiones tienen un punto de semejanza. Así pues:

• El diseño curricular debe ser considerado como el punto de partida, en el que se explicitan de forma general las bases teóricas y epistemológicas de las que se parte y todos los componentes del currículum.
• En la planificación se contemplan los lineamientos básicos del diseño en su dimensión temporalizadora, de tendencias y de criterios, fruto del consenso entre todos los agentes implicados directamente en el proceso educativo (profesores, familias, representantes sociales y políticos e incluso alumnos).
• La programación hace referencia a la concreción última de toda una serie de lineamientos en la práctica escolar diaria.

Más concretamente, el diseño curricular es el proyecto, en sentido estricto, que preside las actividades educativas, que proporciona informaciones concretas sobre sus intenciones (qué enseñar) y sobre la manera de llevarlas a cabo (cuándo y cómo enseñar y también qué, cuándo y cómo evaluar). El desarrollo del currículum es la puesta en práctica del proyecto, con las necesarias adecuaciones, modificaciones y enriquecimientos sin fin, que comporta inevitablemente el hecho de contrastar un proyecto educativo con la realidad de las aulas.

Se trata de los dos momentos básicos de la racionalidad curricular, de la coherencia didáctica, puesto que el currículum siempre tiene que ser considerado como espacio de toma de decisiones: el momento de decidir lo que nuestros alumnos han de aprender (programación, diseño curricular), el momento de decidir cómo vamos a ayudarles a aprender, cómo les vamos a enseñar (metodología didáctica), asunto clave en el desarrollo del currículum y el momento de determinar cómo vamos a averiguar el resultado obtenido con nuestra enseñanza sobre el aprendizaje de los alumnos (evaluación); todo pone de manifiesto que el currículum es un plan pero también su realización.

Por tanto, cada uno de los segmentos curriculares sobre los que podemos decidir están relacionados, aunque se diferencien sus componentes a efectos analíticos. La primera etapa de planificación/iniciación comprende fases como diseño/planificación propiamente dicha, su difusión-diseminación a centros, y su adopción por éstos. La segunda de desarrollo propiamente dicho e implantación o implementación (o puesta en práctica), puede entenderse como una “fidelidad” a lo prescrito o, por el contrario, una “adaptación mutua” entre las propuestas externas y la realidad local e interna de cada centro. Lógicamente se trata de dos polos con una gran cantidad de supuestos reales de práctica en el desarrollo curricular que se sitúan entre ambos.

En un proceso de desarrollo curricular todas sus fases han de estar necesariamente unidas si se quiere que la acción educativa que pretenden dar forma refleje un concepto único de educación, haga posible una acción instructiva congruente con dicho concepto y lo mantenga a lo largo de las diversas fases que lo componen. Los distintos componentes del currículum son indisociables y se nutren mutuamente. Hé ahí la importancia de la integración de todos los elementos del proceso didáctico.

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