El liderazgo educativo que transforma

A lo que ha conducido la evolución de ciertas tendencias desarrolladas a lo largo de las últimas décadas (producto a su vez de todo el empuje, efervescencia y agotamiento de corrientes históricas) es a una crisis y transformaciones más que significativas que se manifiestan a nivel social, económico, cultural y moral. Estamos ante una evidente crisis personal y social.

VIDEO: What it means to be a leader, by Simon Sinek.

La educación no se ha librado de esto pues está atravesada por todas las manifestaciones humanas. El oficio de enseñar, hoy incierto, tiene miles de años de historia con la que se pretende cortar, pues como es bien sabido, este rasgo es una característica propia del postmodernismo; es como si la formación tal como se la entendiera hoy hubiera comenzado una nueva vida, como tal hay que denostar la anterior, después de las revueltas de finales de los sesenta.

Junto a estos problemas que aporta nuestra época, muchos otros problemas aparecen en la enseñanza:

a)    Los problemas inherentes a la propia enseñanza, al considerarse a la misma como una actividad de gran complejidad en la que concurren contrariedades de muy diverso signo, además de las “viejas” cuestiones acerca de “qué enseñar, para qué enseñar y cómo enseñar”.

b)    Los problemas de tipo ideológico, con lo que se tiene en cuenta que los problemas propios de la actividad de la enseñanza difieren según el prisma ideológico desde el que se enfoca la enseñanza como actividad profesional o sobre la escuela.

c)    El problema de la libertad. La libertad, en sentido genérico, es un derecho reconocido sin fisuras en muchos país, lo que no resta importancia a innumerables problemas relacionados con la práctica de la libertad, es decir, con la extensión de los significados de libertad en el ámbito de la enseñanza para cada uno de nosotros.

d)    El cometido de la enseñanza, lo que pone de manifiesto que la misión de la enseñanza resulta problemática por la definición que cada cual posee de la misma y la misión que se le adjudica, con presupuestos ideológicos muy variados detrás de ella.

e)    El problema de los valores que ahora son derechos universales. La historia cuenta con una buena cantidad de esfuerzos puestos al servicio de la concreción de unos valores mínimos que puedan ser compartidos por la mayoría y, de esa forma, respetados y promovidos. Uno de estos intentos se llama “La declaración universal de los Derechos Humanos”, a cuyo contenido podemos tender sin duda y tratar de perfeccionar en el futuro. Ocurre que, sin embargo, los intentos por “trabajar” estos mismos derechos están inflados en muchos casos de demagogia, incoherencia y pobreza, dentro y fuera de la escuela.

Hacer frente a esta crisis no es sólo una tarea y un desafío, es, también, un compromiso y una responsabilidad que, en general, es bien asumida por los educadores vocacionales. Emmanuel Mounier ve que el fin de la educación no es tallar al niño para una función o amoldarle a cierto conformismo, sino madurarle y armarle (a veces, desarmarle) lo mejor posible para el descubrimiento de esta vocación que es su mismo ser y el centro de reunión de sus responsabilidades de hombre; la responsabilidad es el respirar mismo de la persona.

Es este contexto y este escenario el que necesita de líderes, para que muchas escuelas y otras instituciones fijen un acertado rumbo. El liderazgo, como la participación, no es un concepto que pueda ser descrito en abstracto sin referencia a los valores que promueve, tal como hacen frecuentemente las teorías de la gestión o más amplias teorías educativas. Afirmar que el líder es un facilitador, que motiva, que provee una visión, etc., sin referencia a fines (y qué fines), es adoptar una perspectiva esencialista y tecnocrática. Definido así, es un liderazgo que puede servir igual para construir relojes, dirigir personas o fabricar bombas eficientemente. En este modelo, la búsqueda de la productividad a través de la gente es el principio que justifica la acción del líder, sin plantearse el qué y para qué producir o crear.

Steve Blank, serial-entrepreneur and academician. He is recognized for developing the Customer Development methodology, which launched the Lean Startup movement. http://steveblank.com/

Todo líder encarna unos valores. Las más relevantes investigaciones sobre el tema concluyen que para que el liderazgo sea efectivo debe moverse en un plano más bien moral: creencias e ideales mediante medios simbólicos y de compromiso con la tarea educativa. Pero no olvidemos que el líder siempre arrastra a otros quienes libremente adoptan esa decisión de adherirse a los valores del líder, por lo cual estos mismos valores del líder deben ser expuestos con la máxima responsabilidad, compromiso y coherencia.

Warren Bennis sugiere que la premisa básica es que aprender a ser un líder eficaz es lo mismo que aprender a ser una persona eficaz. Igualmente Sergiovanni, otro estudioso del liderazgo, apuntó hace tiempo: a mayor madurez y responsabilidad, menos liderazgo se necesita. Esta es la gran paradoja que clarifica nuestro momento actual: la falta de madurez, la crítica situación en que se encuentran ciertos valores fundamentales para hombres y mujeres requiere el advenimiento de auténticos líderes, pero no de paladines y guías que especulan con los intereses de los demás para beneficio propio.

Deja un comentario

A %d blogueros les gusta esto: