La inteligencia ausente de los programas educativos (1 de 2)

Mucho se ha escrito sobre el desempeño docente, lo que remite, sin lugar a dudas, a las cualidades, habilidades, destrezas, responsabilidades y actitudes que todo docente debe poseer en el desempeño de sus funciones públicas. Hoy, además, el desempeño docente hoy ha venido de la mano argumental de las competencias.

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El trabajo docente se dirige a una sociedad crecientemente diversa y plural, que demanda para todos los individuos un tipo de educación que los prepare para la participación ciudadana, activa, productiva y solidaria. Queda que ver si se están tomando las medidas políticas y pedagógicas para que esto sea así y si la sociedad está asumiendo esa ineludible tarea respecto de la calidad y equidad con que la misma debe dotarse para ofrecer a todos los ciudadanos sus servicios.

Considerando lo anterior, las funciones del docente se hacen complejas a medida que aumenta la cobertura de la educación, como también las necesidades sociales que se plantean al sistema educativo. Se trata de un desafío que es, al mismo tiempo, un complejo escenario en donde se cruzan los argumentos sobre si lo que deben hacer los profesores es instruir o educar. Tomar posición sobre uno u otro, permite dotar de más espacio a otros agentes, como la familia, en el terreno propio que se dedica a la educación.

Cuando los profesores asumen hoy en día roles de toda índole, aumentando sus funciones hasta casi una irreconocible situación (limpiar mocos, higiene bucodental, educación sexual, resolución de conflictos, etc.), nos estamos situando en el otro polo, el que considera al Estado y, por tanto, a los profesores, como los verdaderos educadores, los garantes del ciudadano educado e “ideal”.

En una sociedad como la de hoy, definida como de la información, va a primar la inteligencia y el conocimiento como los factores más importantes del progreso individual y social, en todos los planos.

El concepto de inteligencia, uno de los más complejos con que podemos definir al ser humano, ha sufrido a lo largo de los años múltiples conceptualizaciones. Desde el punto de vista cognitivo, como apunta la Dra. Alma Dzib Goodin, está relacionada con todos los demás procesos que nos permiten adaptarnos al medio, desde la senso-percepción, la motivación y la emoción, el aprendizaje y la memoria, algo obviamente también relacionado con el pensamiento y el lenguaje. La inteligencia se convierte en el mecanismo garante de nuestro equilibrio personal y social.

La paradoja surge cuando comprobamos que estos planteamientos están casi ausentes en los procesos de formación docente y, consecuentemente, ausentes en el desempeño posterior.

Entonces, ¿qué se cuece en los diseños de los programas educativos? ¿Por qué hoy los jóvenes cuando egresan de la secundaria tienen tantos problemas en áreas como la escritura, la lectura, la expresión de ideas, la creación de ideas propias y la resolución de problemas? Si se responde que esto no es cierto, ¿por qué entonces en muchos países de Europa la formación no está siendo suficiente ni está ayudando en lo fundamental a la resolución de los problemas de fondo de la sociedad: crisis económica, crisis de valores, creación de nuevas riquezas, invención de nuevas soluciones, etc.?

El problema es serio. Voy a proponer algunas ideas en mi siguiente artículo. Hasta pronto.

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