Una Universidad que inventa poco

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Global Innovation Summit, Silicon Valley (EEUU), Febrero 2014.

La crisis de nuestro sistema universitario tiene, por qué no decirlo, una dimensión europea. La Universidad en Europa fue sometida a un proceso de reforma de tamaño considerable que quiso conducir a cambios en su estructura, paradigma de enseñanza-aprendizaje y, dentro de ello, lo más visible la adopción de la misma unidad de medida del trabajo del estudiante, el llamado Crédito Europeo (en inglés, ECTS, European Credit Transfer System). También se quiso cambiar, por ende, la manera de enseñar y aprender y dónde tiene lugar todo ello. No quería ser un canto al sol, había un pretendido interés de proclamar un nuevo renacimiento universitario.

Pero que no se engañe el lector, buena parte de esto en muchos países no quedó más que en un hermoso maquillaje sin afectar de verdad, no ya a su naturaleza, sino ni siquiera a la condición universitaria. Con ello no hemos hecho más que perder desde finales del siglo XX y principios del XXI una inmensa oportunidad histórica de reformar la universidad para elevar su calidad y liderar con ello un XXI desde la creación y transmisión del conocimiento.

El tema puede ser analizado de múltiples formas, una de ellas permite hablar de formación algorítmica y formación heurística. La primera hace referencia a la formación en conceptos, hábitos, estrategias, procedimientos ya desarrollados por otros que son incorporados en el corpus a ser enseñado y aprendido. En la tarea algorítmica se trata de seguir una serie de instrucciones en un único recorrido que lleva a una sola conclusión; usamos, así, un algoritmo para resolverla. ¿Es esto necesario? Claramente sí, forma parte del todo enlatado que la universidad tiene la obligación de transmitir y que todo individuo que aprende puede necesitar y aplicar en su vida o profesión. Pero, ¿acaba el aprendizaje ahí? ¡Claramente no!

La formación heurística tiene que ver con la capacidad de inventar, de ir más allá, de trascender lo dado, de tener voz propia, de aportar ideas, de generar respuestas diferentes, de resolver problemas, de admitir la diversidad de enfoques, de diversificar las respuestas, de apostar por lo nuevo, de innovar, de centrarnos en la creatividad. Precisamente porque no existe un algoritmo para resolver un determinada tarea hemos de experimentar con posibilidades y deducir una solución nueva.

La naturaleza de la nueva medida del trabajo del alumno (ECTS) puso en bandeja la posibilidad de un trabajo más heurístico en los distintos espacios universitarios. Sin embargo, sólo parece que ha acontecido una ilusión, la formación algorítmica parece ocupar todo el sistema no dando ni espacio ni tiempo a que los alumnos se ocupen en tareas más heurísticas y, por tanto, con mayor capacidad para resolver los enormes y veloces desafíos del siglo XXI.

¿Y cuáles son esos desafíos? Poco a poco las máquinas guiadas por una precisa ingeniería web están reemplazando muchas tareas intelectuales vinculadas al hemisferio izquierdo, aquellas relacionadas con las tareas algorítmicas, algo que implica que ante una eventual pérdida de esta batalla, la apuesta por los trabajos artísticos, empáticos, no rutinarios, creativos, heurísticos, vinculados al hemisferio derecho, serán de vital importancia por cuanto no pueden ser ni fácilmente externalizados ni sencillamente automatizados. Estamos ante algo más que un reto.

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