¿De quién es la responsabilidad de educar?

De quién es la responsabilidad de educar José Manuel Bautista

Niños y jóvenes se dan cuenta cuándo padres y profesores no predicamos con el ejemplo. Ser coherente es una necesidad en el marco de nuestra mejor herramienta a la hora de educar: el ejemplo.

Yo no educo, eso es cosa de otros

Tener claro que somos personas con capacidades y necesidades nos debe colocar en la situación privilegiada de responder sobre éstas y aquéllas.

Ante la queja de “¡Cómo está el mundo!”, mirando lo que pasa a nuestro alrededor y, también, un poco más lejos, mostrado a través de los medios de comunicación, debemos preguntarnos: ¿Qué estamos haciendo desde la educación?

Para aquellos que quieran “marear la perdiz”, tratando de “esquivar el bulto”, diremos: no hay confusión posible, hablamos de la educación familiar, la escolar, la de los medios de comunicación… TODAS LAS FORMAS POSIBLES DE EDUCACIÓN. Esto no es responsabilidad de nadie en concreto, ES RESPONSABILIDAD DE TODOS EN SU CONJUNTO.

¿Qué me toca a mí?

Si todos somos responsables es importante que cada uno sepa la parte que le toca. En realidad no es que se trate de una especie de tarta que dividimos entre todos y cada uno tenga su cuota. Es más fácil entender lo siguiente: desde que me levanto hasta que me voy a la cama tenemos una capacidad de influir y ser influidos por todo aquello que nos rodea. Como miembros de una familia, como profesionales, no digo ya si somos “personas públicas” (padres de familia, profesores, políticos, líderes de comunidades…). Nuestra capacidad de influir es enorme. Y somos, además, el resultado de lo que otros hacen y dejan de hacer a lo largo del día.

Think play and participate Denmark
Foto: http://israel.um.dk/

El valor de la ejemplaridad

Si cada vez que podemos hacer algo decimos: “ya lo hará otro”, es más que probable que todos hagamos lo mismo y “la casa se quede por barrer”.

Llenamos de contenido nuestra vida, en el tiempo que nos ha tocado vivir, y con esfuerzo lo hacemos, cómo no, ¿recuerdas mi artículo anterior? Hacer cosas o dejar de hacerlas tiene un impacto en nosotros mismos y en los demás. Influye de múltiples maneras en nuestro comportamiento.

Uno de los valores de nuestra conducta es el del ejemplo. El valor de la ejemplaridad tiene una fuerza extraordinaria. Pero el ejemplo no es neutro, puede ser positivo o negativo, lo llenamos de acciones buenas o malas, a menos que digamos que el mal es relativo, como ese alumno me dijo en Paraguay.

“Recuerda que cuando aceptes la mediocridad en las cosas pequeñas, empezarás a admitirla en las cosas grandes”. (Robin Sharma). Recuerda que cuando aceptes el mal en las cosas pequeñas, empezarás a admitir la maldad en las cosas grandes.

El ejemplo es la mejor herramienta que tenemos para educar. Y lo que hace estragos al mismo es la falta de coherencia. Hijos y alumnos son los mejores testigos de ambos y no los dejan pasar desapercibidos.

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