Ser antes que hacer, valor fundamental en el coaching

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En tiempos de individualismo feroz, la experiencia interior de muchas personas, con poco que se profundice, es otra completamente, es siempre un deseo a comprometerse. Así es la persona, ése es el camino hacia la felicidad.

En virtud de la dimensión corporal y espiritual de la persona podemos llegar hasta el agotamiento en la afirmación de que la persona, que no es una retirada interior como cree el individualismo, un dominio circunscrito en el que se acote desde fuera mi actividad, es una presencia que actúa en el volumen total del ser humano. Toda la actividad de la persona está interesada en ello.

Conviene aclarar entonces, porque muchos coaches me lo piden (¡ojo!, algunos coaches es posible que vendan humo, pero quien se toma en serio la profesión trabaja en consecuencia: no tienes que esperar a estar mal para darte cuenta de que puedes estar mucho mejor, y en ello te ayuda un coach):

  1. Primero, quién realiza la acción: la persona actúa en su totalidad;
  2. Segundo, lo que significa la acción de las personas.

 

Qué son las acciones

En ello es necesario considerar a las acciones como movimientos en donde abordamos al ser humano como una presencia compleja, pero también total, cuyo enfrentamiento integral no debe olvidar sus realidades y necesidades materiales y, por lo mismo, tampoco las espirituales. La misión es, por tanto, recordar que no se puede hacer sin ser.

En muchas personas, sin embargo, puede dar la impresión de que el intento de ser e, incluso, el de ver cumplido el hecho de ser, en su persona no es más que el mantenimiento de, en todo caso, «una forma de ser». Y aquí es donde este nivel superficial les lleva a romper con la realidad. Es como el problema de tener una doble vida, tan frecuente hoy y, tal vez, a lo largo de toda la historia de la humanidad. Es decir, muchos pueden llegar a la justificación de una especie de dicotomía en donde su ser se relaciona con el marco de las ideas, con las elecciones en un plano teórico que le justifica pero que no lleva a la práctica. El hacer, por otro lado, yace unido a la acción, acreditando el rendimiento práctico del hombre pero en un sentido completamente diferente a lo que le marca su ser en el plano teórico. ¡Incoherencia pura y frecuente origen de problemas de infelicidad!

Este planteamiento nos lleva a comprender que ser es una forma de estar presente y sólo la persona de presencia es la persona que actúa. La vida de acción que se inaugura con el ser, le lleva además a la persona, por los actos que le son propios, a la expresión de su vocación.

 

El motor de la vocación

La unificación progresiva de todos los actos de la persona, y mediante ellos, la de los personajes y situaciones de la misma, es el acto propio de la persona. No es una unificación sistemática y abstracta, afirma Mounier, es el desenvolvimiento progresivo de un principio espiritual de vida, que no reduce lo que integra, sino que lo salva, lo realiza al recrearlo desde el interior. Este principio creador es lo que nosotros llamamos en cada persona su vocación.

La vocación es, por tanto, el mismo ser de la persona. Y este es un campo fundamental para ser trabajado por los coaches. ¿Por qué? Porque antes de cualquier iniciativa, antes de emprender lo que sea que queramos o deseemos está nuestro ser, nuestra mente dirán algunos, nuestra conciencia, la mentalidad… Claro eso, encaminado todo lo demás. Y esto trata más bien de responder preguntas como ¿Por qué (lo voy a hacer)? antes de otras como ¿Qué (hago)?

Y la vocación, que no es un tema tangencial sino central, es la base del dinamismo esencial de la persona, sin olvidar la importancia como sustento del descubrimiento del sentido de comunidad de personas. No estamos solos, por el eso el coach no realiza una terapia de conducta, sino que es un faro en medio de la tempestad iluminando en ciudadelas donde también aparecen las otras personas.

La vocación es una llamada particular a la plenitud. La vocación es una concreción para cada persona de la llamada a la plenitud, es decir, la vocación, primariamente, es vocación a ser persona en plenitud. Esta es una experiencia que podemos constatar. Todos constatamos que aspiramos siempre a más, este es nuestro deseo interior de infinito. Cuando obtenemos una meta seguimos con una aspiración que puede ser infrenable, es decir, constatamos que nuestro dinamismo más íntimo es el de crecer hacia la plenitud, dar-de-sí, aspirando a existir en plenitud.

 

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