La energía de un niño

¿Pueden los niños tener grandes ideas? ¿Puedes los niños tener proyectos? ¿Cuál es el proyecto de un niño pequeño? ¿Cómo afrontamos los adultos sus proyectos?

En muchas ocasiones tengo la seria convicción de que todas estas preguntas no son respondidas satisfactoriamente. La sociedad postmoderna no ha acabado aún, es más, no hemos tocado fondo, ¡nunca se toca fondo del todo! El marco es muy claro, la sociedad postmoderna ha interpretado la devaluación de la naturaleza humana hasta el punto de que su condición ya no es presentable, ni como modelo ni como ejemplo. Parece mayoritaria la idea de tierra de nadie, de sálvese quien pueda, de pequeñas islas para conseguir la felicidad epidérmica. Sin horizonte, con una sociedad errante y una política en estado crítico, el cambio es confuso y hasta errado.

Claro que el marco es claro, la idea liberal que hizo fuerte a Occidente, que posibilitó siquiera el desarrollo moderno y urbano ya en la Edad Media, dando al individuo oxígeno, creatividad, campo de desenvolvimiento, ha degenerado hacia una sociedad sobresaturada de bienes donde cada uno parece ir a lo suyo. Donde cada uno parece estar dispuesto a recibir, pero no a aportar. Donde la idea de servicio a la sociedad está anticuada; donde se prefiere el consumismo, la vivencia individual a la construcción de una familia, donde muchas responsabilidades son transportadas al Estado social, al Estado providencia (Alain Minc), y de esa manera se deserta de la vida personal, donde la responsabilidad personal, comunitaria, social, ha acabado por ceder todo el terreno a un hombre y una sociedad fragmentados y descohesionados.

No es un esquema que dé más de sí, por mucho que queramos. Las buenas iniciativas no serán más que ensayos individuales, loables, pero sin más rumbo que arreglarse cada uno de la mejor manera. En este escenario, la creatividad, la innovación, la energía y la motivación interna, el carisma y la posibilidad de inspirar con todo ello a los demás se convierten casi en una anécdota.

Todo esto necesita un marco amplio de trabajo y sensibilidad, desde certeras reformas educativas que lo incorporen, para ponerlo al alcance de la mayoría, y desde líderes sociales, administrativos, políticos conniventes que entienden el rumbo y se ponen en marcha cada día con nuevas fuerzas alimentando las ganas de todos.

Los niños tienen grandes ideas, son energía pura, adheridos a ciertos valores tienen un potencial inmenso. De no canalizar todo ello convenientemente perdemos una posibilidad de cambio en el mundo. ¡Son tantas las que perdemos cada día!

Pero basta de lamentaciones, la humildad y la sencillez son la antesala del éxito, la sensibilidad por la obra bien hecha y la energía personal son necesarias, cada día hemos de ser tan buenos como los niños lo son, tan buenos que ya no pueda nadie ignorarnos.

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