El juego en el ámbito didáctico y organizativo

Conviene tener en cuenta que niños y niñas antes de llegar a la escuela, cada día a una edad más temprana, han realizado ya aprendizajes imprescindibles para su desarrollo como seres humanos y en ello el juego ha tenido un papel fundamental.

En el ámbito escolar los planteamientos didácticos y organizativos deben cuidarse ya que cobran especial interés debido a la peculiaridad de cada etapa. Lo didáctico y lo organizativo, y más visiblemente en un primer momento, han de “moverse” en el marco de una doble área de experiencias: la de la expresión y lenguaje, por un lado, y la cognitivo-motriz, por otro; en esto, el desarrollo de vínculos afectivos y la construcción de la autonomía personal deben estar presentes en todas las experiencias que el niño viva.

Más tarde, a partir de los tres años, podrá hablarse más propiamente de áreas de experiencia como la de la identidad y autonomía personal, medio físico y social y comunicación y representación, hasta continuar creando núcleos disciplinares que, guiados bajo los principios de la globalización y la interdisciplinariedad, podrán servir de marco para todas las experiencias de aprendizaje del alumnado.

Es evidente que el profesor es un agente clave de estas etapas en lo que se refiere a la actuación didáctico-organizativa. Pero, por otro lado, puede entenderse que el juego es la otra clave, sumando que quien prepara los ambientes, crea los climas, establece orientaciones, prepara materiales, etc., aun en las posibilidades del juego libre, es el profesor. Por eso, juego y profesor forman el eje clave de la actuación en buena parte de la educación escolar, fundamentalmente la inicial y primaria o escolar básica. Por razones obvias, los padres o tutores o familia representan un papel de vital importancia para sellar estos iniciales elementos claves en la formación del niño.

Son muchas las síntesis que se han hecho en torno a las “virtudes” del juego en los entornos de aprendizaje. Algunos de los aspectos más relevantes del juego podrían ser:

  • • Desarrolla las aptitudes físicas, intelectuales y su capacidad para la comunicación.
  • Permite el encuentro entre el adulto y el niño, sirviendo de válvula en su seguridad vital.
  • Constituye un factor de exploración y comunicación más amplio que el lenguaje verbal, porque los símbolos, producto de su imaginación, son más asequibles al niño que el “signo” arbitrario y, al tiempo, llevan al lenguaje comprensivo.
  • Por el juego “simbólico”, aun con regla arbitraria, existe un reparto de “papeles”, que genera una “microsociedad”, donde el niño inicia su primer aprendizaje de vida social.
  • En el juego se origina un espacio preferente para la exploración y la creatividad.
  • Permite, de forma continuada y progresiva, el aprendizaje y entrenamiento en valores culturales de la sociedad.
  • Instaura una fluida comunicación de los niños entre sí y con el maestro, cuando el lenguaje no ha sido aún constituido.
  • El juego es la vía natural por la que el niño aprende a establecer una relación entre hecho y valores.
  • Permite al niño exteriorizar sus vivencias y pensamientos.
  • Promueve un ajuste armónico, desde la propia infancia, entre mundo interior y mundo exterior, entre subjetividad y objetividad.
  • El juego supone la primera inmersión del niño en el mundo de la cultura.
  • Juego y acogimiento afectivo son pilares fundamentales en el afianzamiento en el niño, del “sí mismo” personal, en el que se asientan la autonomía y la seguridad básica.

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Por todo ello el juego es un medio privilegiado de iniciar, promover y mantener el aprendizaje dentro del marco del currículum. Las relaciones entre juego y aprendizaje dentro del marco curricular, por tanto, son las que exigen una mirada atenta para comprender y mejorar lo que ocurre en los espacios dedicados a la educación intencional y sistemática que el niño recibe desde su infancia.

Finalmente, para jugar de un modo eficaz los niños precisan:

  • • Compañeros de juego, espacios o áreas lúdicos, materiales de juego, tiempo para actuar y que los juegos sean valorados.
  • • Oportunidades para jugar en parejas, pequeños grupos, etc.
  • • Tiempo para explorar a través del lenguaje lo que han hecho y cómo pueden describir la experiencia.
  • • Tiempo para continuar lo que iniciaron (con demasiada frecuencia les falta y trabajos muy valiosos quedan inacabados e inapreciados).
  • • Experiencias que amplíen y profundicen lo que ya conocen y lo que ya pueden hacer.
  • • Estimulación y aliento para hacer y aprender más.
  • • Oportunidades lúdicas planificadas y, también, espontáneas.

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