Apagué el teléfono por un tiempo

Apagué el teléfono por un tiempo.

No quiero que parezca algo solemne pero el caso es que es importante para mí y de cualquier forma haré una prueba: el teléfono estará apagado un tiempo y veré qué pasa.

Antes de apagarlo tienes, lógicamente, un debate interno sobre ventajas e inconvenientes, y como a veces las cosas no se diferencian más que por el espesor de un cabello, es evidente que hoy hacer algo así te libera de algunos problemas, pero también te trae otros.

Es una cuestión de libertad

Apagar el teléfono, como probablemente tomar otras decisiones en la vida, es una cuestión de libertad, dar el paso hasta sentirte libre de ciertas formas de comunicación que hoy tienen un doble filo: son un arma para ganar más y mejor comunicación, pero también son un arma para destruir la genuina comunicación.

Soy consciente del problema de darle la espalda a la tecnología, algo que no voy a hacer, pero en este tiempo en que sobrevienen nuevas formas de comunicación, el ser humano parece haberse visto atrapado por la forma más perversa de la misma.

¿Cómo afecta esta forma de comunicación, que llamo perversa, a través de la tecnología?

El teléfono puede ser tu mejor aliado, pero mal aprovechado tu peor enemigo, generando interrupciones, pérdidas de tiempo y productividad, incluso dolores de cabeza y lamentaciones de todo tipo.

No se puede estar siempre disponible al teléfono, cosa que los que están al otro lado en muchas ocasiones no entienden. Quieren inmediatez, de eso se trata, disponibilidad inmediata y, claro, al final quedas atrapado en la vorágine, pues casi siempre te llaman para nimiedades.

Nuestros ojos están pegados al teléfono

Hay una estadística por ahí que dice que sólo hablamos con las personas deseadas el 20 por cierto de las veces. ¿Y el resto qué? ¿Cuántas horas de nuestra vida perdemos llamando y atendiendo, mirando Whatsapp, redes sociales y demás? Nuestros ojos pegados al teléfono.

Nuestra naturaleza y condición humanas nos llevan a relacionarnos, somos seres sociales. Pero el resto de lo que hacemos también “es humano y social”. Luego entonces y como todo no cabe en las 24 horas que tiene un día, sólo queda que tomar decisiones, ordenar, posponer, decir no.

Más allá de las múltiples ventajas que tiene apagar el teléfono, hacerlo te libera de llamadas impertinentes, grupos de Whatsapp en los que se nos va la vida, redes sociales adictivas que nos atrapan para ganar a toda costa…

Veré qué pasa. Mientras te cuento que me siento libre.

El teléfono estará apagado un tiempo y veré qué pasa.

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