El fracaso escolar #3 – Los errores iniciales más frecuentes

Conferencia en la Universidad Alba Iulia de Rumanía de José Manuel Bautista

Muchos padres tienen el problema del fracaso escolar en casa. De algunos de ellos he oído cómo cuando han acudido a pedir ayuda a unos servicios profesionales, al final se han llevado una tremenda decepción. Estos padres no son profesionales de la conducta, han aprendido a educar sobre la marcha. Pero algo en su interior les decía que de la manera en que se estaban afrontando las cosas no era la más correcta.

Los motivos de la decepción de estos padres eran diversos, pero siempre alrededor de lo mismo. Me decían:

―No me entregaron ningún informe.

―Le preguntaron sólo a mi hijo.

―Nos hicieron responsables del problema.

―El colegio no se hizo cargo de nada, el colegio no estaba verdaderamente abierto a colaborar con estos servicios profesionales…

Todo tipo de situaciones que nos encontramos paralelas al problema del fracaso escolar.

¿Alguien piensa que un problema de fracaso escolar se va a solucionar de esta forma?

Resolver el problema del fracaso escolar

La resolución de un problema de fracaso escolar comienza siempre por aquí: preguntar, indagar, investigar, hacer un buen informe.

El informe es el “momento” en que ponemos por escrito un resumen de todo aquello que pensamos del caso. Lo que pensamos sobre el origen del problema, sus efectos y lo que se entiende que hay que hacer para resolver el mismo. Pero este informe siempre acontece después de ese tiempo dedicado a averiguar sobre el caso, en el sentido más amplio y profundo de la palabra.

Y también en el sentido más imperfecto. No siempre se acierta, si bien lo importante es seguir un itinerario que garantice al máximo dar en la diana.

La evaluación del problema es pieza clave, si bien a veces no es correctamente realizada. ¿Qué hay detrás de esta frase de unos padres: “Sólo le preguntaron a mi hijo”. Simplemente, un error en la evaluación del caso, error que puede llegar a ser grande y, además, contribuir a asegurar más sufrimiento en la familia. Y, por supuesto, más sufrimiento presente y futuro al niño o niña que atendemos.

Estudiante japonés pensativo en una clase José Manuel Bautista

¿Qué hay detrás de algo así?

Normalmente prisas por pasar a la fase siguiente en la resolución del caso. También puede haber eso de fiarse demasiado en la intuición profesional, esto es, decirse así mismo: “desde que entró por la puerta sé lo que le pasa”. Y esto, como la magia, puede ser sólo una ilusión.

De cualquier forma, una evaluación te lleva a tener información y conocimiento del tema, capacidad de juicio y, finalmente, argumentos para la toma de decisiones de cara a la intervención en el mismo problema.

El estudio del fracaso escolar debe conducir siempre a un esmerado diagnóstico y éste a un adecuado programa de intervención, teniendo en cuenta la índole general del problema, en relación a las múltiples variables que pueden estar afectadas. No podemos pasar por alto este punto. Hay quien piensa que los problemas de conducta son fáciles de resolver y resulta todo lo contrario. No habría ingeniero (aquí los llamamos psicólogos, pedagogos o educadores en general) que arreglara un problema profundo de conducta que afecta a lo escolar, así como quien no quiere la cosa, en 5 minutos. No es posible.

Para quien pueda leer en inglés le remito al informe de la Dra. Maeve Martin, de la National University of Ireland Maynooth: School matters: report of the Task Force on Student Behaviour in Second Level Schools 2006. Este informe examina el contexto social cambiante en el cual las escuelas operan, el desarrollo institucional, la cuestión del comportamiento disruptivo de los jóvenes y su impacto en la enseñanza y el aprendizaje, el ethos y la cultura de la escuela, la comunidad escolar y las iniciativas escolares, etc. y muchas recomendaciones para todo ello.

¿Por qué es valioso lo que se hizo en Irlanda? Porque da una idea de cuán complejo es el problema del fracaso escolar y de qué manera general, global u holística hay que resolverlo.

Si bien, mientras llegue eso, yo que usted no abandonaría mi preocupación por el tema.

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