El fracaso escolar #1 – Por qué es una cosa muy seria

alumno rubio fracaso escolar introducción José Manuel Bautista

Inicio una serie de reflexiones sobre el fracaso escolar. Voy a tratar de explicar por qué es algo muy serio, y serio, sobre todo, porque es cosa olvidada por la mayoría de las personas a las que no afecta directamente el problema, o creen que no les afecta.

Seguirán a este primer episodio otros en donde iré desgranando los componentes del fracaso escolar, sus problemas, sus repercusiones, etc. En ello, y en concreto, introduciré algunas ideas básicas sobre cómo diagnosticarlo, prevenirlo y tratarlo. Haré, igualmente, algunos comentarios sobre sus variadas dimensiones para que tengamos una idea global del mismo y, sobre todo, una manera de hacerle frente. Como digo, es una cosa seria y hay que encararlo y prevenirlo cuanto antes mejor.

El fracaso escolar es previo a todo fracaso personal y social

El fracaso es algo de ida y vuelta. En un momento de silencio suelo decir en clase:

―Cuando se trunca el estudiante, más tarde se trunca la persona.

Y unos segundos después, aún en el silencio:

―Y cuando se pierde a la persona, también se pierde al estudiante. Ambas situaciones a veces son para siempre. Pero… he visto muchas veces salir a las personas de ese sufrimiento.

El fracaso escolar tiene muchas lecturas. Una de ellas es la pedagógica. También están la política y la sociológica.

En algunos países occidentales, como es el caso de España, también muchos otros de Latinoamérica, estas tres perspectivas del fracaso escolar pintarían como dramáticas si no fuera porque este tema, lamentablemente, atrae de verdad muy poco la atención de políticos y medios de comunicación. Se ha convertido en un tema más. No atrae por lo general ni miradas ni, mucho menos, esfuerzos colectivos e institucionales serios.

Sin embargo, el hecho de que más de un 25% de media del alumnado no acabe la escolarización obligatoria, abandone por tanto el sistema educativo prematuramente, es decir, termine sin el título obligatorio, supone un problema de una magnitud impresionante. Fracaso escolar no es lo mismo que tasa de abandono temprano pero, evidentemente, están muy relacionados.

Lo más importante de esto es, si cabe, que este problema se alarga ya desde hace más de 30 años, en el caso de España, donde las tres reformas generales del sistema educativo (LOGSE, LOE y LOMCE) no han hecho más que suavizar el problema sin la posibilidad de situarlo en el lugar que debería estar situado en un país como el nuestro.

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¿Dónde está el problema?

Son muchos los problemas que tiene esta cuestión, muchos de ellos no convenientemente analizados.

Uno de estos problemas es la situación trágica a la que se ven abocadas miles de familias cada año al comprobar el fracaso en sus propias carnes. Cuando llegan a ser conscientes del mismo sufren porque ven el estado de infracualificación de sus hijos. Es falso que muchas familias estén adormecidas ante esta cuestión. Es cierto que los niveles de conciencia del problema son muy personales y desiguales. Es decir, en relación a lo educativo hay gente que no llega a ser consciente de ciertos problemas, pero esto es una constante en la historia de la educación. Pero no es cierto que a las familias en general les resbale el problema. Hay miles de ellas que sufren por la situación en la que se encuentran. Y lo peor es que ven la indolencia de las instituciones que las deberían ayudar.

Peor aún, las familias pueden llegar a ser conscientes de que sus hijos y ellas mismas están abocadas a la pobreza o precariedad, también a la exclusión, conciencia de esta infracualificación, falta de motivación, pérdida del sentido sobre el futuro de las cosas, donde su propio proyecto vital queda totalmente desdibujado.

Más tarde estarían los análisis políticos y sociológicos, de esos hay múltiples estudios, pero ni caso para cambiar la realidad de verdad.

Tres cosas que puedes hacer desde hoy

Lo pedagógico, clave para comprender qué pasa en la escuela, resbala en muchas ocasiones. La falta de iniciativa, el exceso de rigidez, los métodos pedagógicos desenfocados, todo esto está quemando el problema de manera innecesaria.

Pese a todo, hay siempre una salida. Incluso de manera particular para aquellas familias que no les queda más que la iniciativa particular porque se sienten abandonadas de la política y lo institucional. Hay tres cosas como mínimo que pueden hacer:

  • Mantener la esperanza.
  • Pedir ayuda a los profesionales que trabajan en este campo.
  • Introducir cambios en su forma de pensar y actuar, hasta comprobar que ciertos problemas no son para siempre.

Muchas más cosas se pueden hacer. Yo les aconsejo a los padres que estén en esta situación empezar por la primera y cuando lleguen a la tercera comenzar de nuevo por la primera…

En una sociedad cada vez más fría, la esperanza no es una ilusión, es un deber que podemos convertir en virtud.

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