Dificultades para elaborar un Proyecto Educativo Institucional (2 de 2)

Después de la primera entrega sobre las Dificultades para elaborar un Proyecto Educativo Institucional (1 de 2) del pasado lunes 23 de octubre, la pretensión de esta segunda es sencilla: prácticamente no haremos más que enumerar esas dificultades que provienen de los profesores en ejercicio. Ellos son lo que saben de esta cuestión, así las transmitimos.

Los PEI no son la panacea

Los Proyectos no siempre se convierten en instrumentos que permiten aportar una solución a los problemas escolares o de la comunidad educativa. Esta es una circunstancia que tiene fundamentalmente dos explicaciones:

  1. La consideración de que los Proyectos, como instrumentos humanos que son, tienen sus imperfecciones.
  2. El hecho de que realmente en muchos casos no podamos hablar de un auténtico PEI. Es relativamente frecuente encontrar Proyectos con graves defectos, razón por la cual son elementos que en su falencia plantean un estado inadmisible. Así, un Proyecto erróneo es difícilmente un instrumento para la mejora.

La gran virtud de las escuelas y las dificultades

Es increíble, no obstante, cómo la escuela posee una gran virtud: a pesar de la falta de un buen Proyecto en muchas de ellas, la vida de esa escuela no suele detenerse, “sigue viva”.

Llegados a este punto, conviene que seamos conscientes de cuáles son los aspectos críticos fundamentales de un PEI. Podemos, a modo de resumen, relacionar una serie de dificultades y errores que se presentan en la elaboración de un PEI. Este listado no sigue ningún orden, sigue el orden con la que la mayoría de los profesores me fueron transmitiendo las mismas.

Este listado de dificultades puede hacernos reflexionar. Este debería ser su primer objetivo.

Listado de dificultades

–          Falta de reflexión sobre la práctica.

–          Comunicación ineficaz a todos los niveles.

–          Falta de participación familiar.

–          Distancia entre la teoría y la práctica.

–          Falta de disponibilidad de los profesores a reunirse para reflexionar.

–          Falta de estímulos en las personas y en los grupos.

–          Dificultad para que los alumnos participen.

–          Falta de compromiso profesional.

–          Normas verticalizadas desde la administración educativa.

–          Falta de propuestas a largo plazo.

–          No hay secuencia ni continuidad.

–          Pobres recursos financieros.

–          Falta de conocimiento y establecimiento de la misión.

–          Falta de conocimiento del grupo (“no nos conocemos bien”).

–          Falta de estabilidad del profesorado, mucha movilidad escolar.

–          Proyectos utópicos, poco realistas.

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